Programa Apolo · NASA · Tripulado

Apolo 15

26 jul 1971, 13:34
Fecha de lanzamiento
3
Tripulantes
12 d 7 h
Duración
Éxito
Resultado

Actualidad de Apolo 15

2 de agosto de 2026

El Apolo 15 fue la cuarta misión estadounidense que llevó astronautas a la superficie de la Luna y la primera de las llamadas misiones J, concebidas para estancias más largas y con la ciencia en el centro del plan de vuelo. Despegó del complejo 39A del Centro Espacial Kennedy el 26 de julio de 1971 a bordo de un Saturn V, con David Scott como comandante, Alfred Worden a los mandos del módulo de mando Endeavour y James Irwin como piloto del módulo lunar Falcon. Scott e Irwin se posaron el 30 de julio en la llanura de Hadley, al pie de los montes Apeninos y junto a la grieta sinuosa de Hadley Rille, un lugar mucho más abrupto que los elegidos hasta entonces. Permanecieron en la superficie 66 horas y 55 minutos, salieron al exterior durante unas dieciocho horas y media y estrenaron el Lunar Roving Vehicle, el vehículo eléctrico que les permitió recorrer 27,9 kilómetros y alejarse del módulo como nadie lo había hecho antes. Volvieron con 77 kg de rocas y suelo, entre ellos la célebre «Genesis Rock», un fragmento que se interpretó como parte de la corteza primitiva lunar. Mientras tanto, Worden estudiaba la Luna desde la órbita con la bahía de instrumentos científicos (SIM) del módulo de servicio: cámaras panorámica y cartográfica, espectrómetros y un altímetro láser. Antes de emprender el regreso la tripulación soltó el subsatélite PFS-1, y durante el viaje de vuelta Worden realizó el primer paseo espacial en el espacio profundo para recuperar las películas de la SIM. El amerizaje en el Pacífico Norte, el 7 de agosto, se produjo con uno de los tres paracaídas fallido, sin consecuencias. La misión cumplió sus objetivos y marcó el paso de la exploración de demostración a la geología de campo en otro mundo, aunque al año siguiente quedó ensombrecida por el asunto de los sobres filatélicos que la tripulación había llevado sin autorización.

Carga transportada

La carga útil del Apolo 15 fue la más completa del programa hasta ese momento. En la etapa de descenso de Falcon viajaba plegado el Lunar Roving Vehicle, el primer vehículo tripulado sobre la Luna: eléctrico, de unos 209 kg en vacío, que en tres salidas recorrió 27,9 kilómetros. En la superficie se instaló el paquete de experimentos ALSEP, con sismómetro pasivo, magnetómetro, espectrómetro de viento solar, detectores de iones, un experimento de flujo de calor que obligó a perforar el regolito y un retrorreflector láser. En órbita, la bahía de instrumentos científicos (SIM) del módulo de servicio sumaba cámaras panorámica y cartográfica, altímetro láser y espectrómetros de rayos gamma, rayos X, partículas alfa y masas. Antes del regreso se liberó en órbita lunar el subsatélite de partículas y campos PFS-1, que envió datos desde agosto de 1971 hasta enero de 1973. La nave volvió con 77 kg de muestras lunares.

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TripulaciónFunciónAgenciaActividad extravehicular
David Randolph ScottComandanteNASA · Estados Unidos—
Alfred Merrill WordenPiloto del módulo de mandoNASA · Estados Unidos—
James Benson IrwinPiloto del módulo lunarNASA · Estados Unidos—

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Historia

De misión H a primera misión J

El Apolo 15 no nació como la misión que acabó siendo. En los planes iniciales figuraba como una misión H más, parecida a los Apolo 12 y 14: dos días escasos en la Luna, dos salidas a pie y un paquete de instrumentos que dejar en la superficie. El giro llegó en septiembre de 1970, cuando la NASA canceló dos misiones del programa por motivos presupuestarios. La reordenación convirtió al Apolo 15 en la primera de tres misiones extendidas, las J, con un módulo lunar reforzado capaz de permanecer hasta 75 horas en la superficie, un vehículo de ruedas para desplazarse lejos del punto de alunizaje y un módulo de servicio cargado de instrumentos de observación orbital.

Con el cambio de categoría cambió también el destino. El comité de selección de emplazamientos dudaba entre dos candidatos: el cráter Marius, rodeado de pequeñas cúpulas de posible origen volcánico, y Hadley Rille, un cauce profundo al borde del Mare Imbrium y a los pies de los Apeninos. Se eligió Hadley, que hasta entonces estaba reservado para el Apolo 19, uno de los vuelos cancelados. Era la primera vez que un alunizaje no quedaba limitado a la franja ecuatorial, y el lugar prometía mucho: material procedente de zonas más profundas de la Luna, un surco sinuoso quizá abierto por el vulcanismo y, además, una posición que completaba mejor la red de sismómetros dejada por las expediciones anteriores. El precio era alto. La NASA carecía de imágenes de alta resolución de la zona, que nadie había querido arriesgar en misiones anteriores por lo accidentado del terreno, y la cercanía de las montañas exigía una trayectoria de aproximación de 26 grados, mucho más empinada que los 15 de los alunizajes previos.

La tripulación y su formación como geólogos

El mando recayó en David Scott, veterano del Gemini 8 y del Apolo 9, acompañado por dos novatos: Alfred Worden como piloto del módulo de mando y James Irwin como piloto del módulo lunar. Los tres habían sido la tripulación de reserva del Apolo 12, de modo que ya conocían bien las naves y pudieron dedicar buena parte de su preparación a la geología. La tripulación de reserva la formaban Richard Gordon, Vance Brand y el geólogo Harrison Schmitt.

Apolo 15
Insignia de la misión Apolo 15

Schmitt fue una pieza clave de esa formación. Había puesto en contacto a los astronautas con Lee Silver, geólogo del Caltech, un profesor capaz de contagiar entusiasmo por el trabajo de campo. Scott, decidido a que su tripulación trajera el máximo de datos científicos, se reunió con Silver en abril de 1970 para diseñar el programa. Durante los 20 meses de entrenamiento hubo una salida de campo aproximadamente al mes. Al principio Silver llevaba a los comandantes y pilotos del módulo lunar de ambas tripulaciones a Arizona y Nuevo México como si se tratara de una clase de geología corriente; a medida que se acercaba el lanzamiento, los ejercicios se volvieron más realistas. Cerca de la garganta del río Grande los astronautas caminaban con maquetas de las mochilas que llevarían en la Luna y hablaban por radio con un CAPCOM instalado en una tienda. A su lado se sentaba un geólogo que no conocía la zona y que debía interpretar lo hallado solo a partir de las descripciones, un método que enseñó a la tripulación a contar un paisaje a quien no podía verlo. Scott, que se consideraba un aficionado serio, acabó disfrutando de la geología de campo. Como reserva, Schmitt estimulaba además una competencia sana entre ambas tripulaciones.

Worden siguió otro camino. Pasó largas temporadas en las instalaciones de North American Rockwell en Downey (California), donde se construía la nave, y se formó con el geólogo Farouk El-Baz. Juntos estudiaron mapas y fotografías de los cráteres que sobrevolaría en solitario, y Worden aprendió a describir el relieve de un modo útil para los científicos que escucharían sus transmisiones. Solía acompañar a sus compañeros en las salidas de campo, aunque a menudo desde un avión que simulaba la velocidad a la que el paisaje lunar pasaría bajo la nave.

El módulo de mando y servicio CSM-112 recibió el indicativo Endeavour, en homenaje al barco de James Cook: Scott recordó que aquel viaje había sido la primera expedición marítima de carácter puramente científico, del mismo modo que el Apolo 15 era la primera misión lunar con la ciencia como eje. A bordo viajó un pequeño trozo de madera del navío. El módulo lunar LM-10 se llamó Falcon, por la mascota de la Academia de la Fuerza Aérea, y llevó dos plumas de halcón a la Luna en reconocimiento al origen militar de sus tripulantes.

Apolo 15
Material de archivo del Apolo 15, KSC 2011

Las nuevas exigencias engordaron el módulo lunar hasta unas 36.000 libras, 4.000 más que los modelos anteriores. Para poder lanzarlo, la NASA orientó el despegue más hacia el sur que en misiones previas y rebajó la órbita de aparcamiento terrestre a 166 kilómetros, dos ajustes que ganaban capacidad de carga para el Saturn V AS-510.

Un todoterreno plegable

La NASA llevaba desde principios de los años sesenta pensando en un vehículo para la superficie lunar, pero no decidió construirlo hasta mayo de 1969. Boeing recibió el contrato para fabricar tres unidades, y los sobrecostes, sobre todo en el sistema de navegación, llamaron la atención de la prensa en un momento de recortes y de cansancio del público con el programa espacial. El resultado fue una máquina ingeniosa: plegado ocupaba un hueco de 1,5 por 0,5 metros en la etapa de descenso del módulo lunar; vacío pesaba 209 kg y, con los dos astronautas y su equipo, unos 700 kg. Cada rueda tenía su propio motor eléctrico de 200 W, y aunque cualquiera de los dos podía conducirlo, siempre lo hacía el comandante, mientras el piloto del módulo lunar le ayudaba a orientarse. A 10 o 12 km/h, los astronautas podían alejarse por primera vez del módulo y conservar tiempo para el trabajo científico.

El vehículo llevaba una cámara de televisión que se manejaba a distancia desde Houston, a cargo de Ed Fendell, y una unidad de enlace que retransmitía voz y datos a la Tierra. La imagen no tenía la calidad de las fotografías fijas, pero permitía a los geólogos del control de misión seguir casi en directo lo que hacían Scott e Irwin. En el vehículo del Apolo 15 figuraba una placa con la inscripción «Man's First Wheels on the Moon, Delivered by Falcon, July 30, 1971».

Lanzamiento y viaje a la Luna

El Apolo 15 despegó del complejo 39A el 26 de julio de 1971, justo al abrirse una ventana de lanzamiento de dos horas y 37 minutos calculada para llegar a Hadley con la iluminación adecuada. Tras algo menos de doce minutos de ascenso, la tercera etapa S-IVB dejó la nave en órbita de aparcamiento, donde tripulación y control comprobaron los sistemas durante unas dos horas y 40 minutos antes de la inyección translunar. Una vez separada de la nave, la S-IVB se dirigió deliberadamente contra la Luna; su impacto, aunque cayó a 146 km del punto previsto, fue registrado por los sismómetros que habían dejado el Apolo 12 y el Apolo 14.

Apolo 15
Preparación del lugar de aterrizaje del Apolo 15, KSC 2011

El viaje de ida no estuvo libre de sustos. Al revisar el módulo lunar, la tripulación encontró roto el cristal de un indicador, cuyos fragmentos flotaban por la cabina y tuvieron que recogerse con cuidado. El 29 de julio el motor principal del módulo de servicio frenó la nave en la cara oculta de la Luna, sin contacto por radio con la Tierra. Al recuperarse la comunicación, Scott se entretuvo describiendo la belleza del paisaje antes de dar los datos del encendido, para desesperación de Alan Shepard, que esperaba en Houston una entrevista de televisión.

El descenso a Hadley

Desde el Apolo 14, el propio módulo de servicio rebajaba la órbita antes de la separación para ahorrar combustible del módulo lunar, que en las misiones J era mucho más pesado. Durante la noche del 29 al 30 de julio, el control de misión advirtió que las concentraciones de masa del subsuelo lunar estaban deformando la órbita y acercando demasiado su punto bajo, así que hubo que corregirla con los propulsores de control de actitud. Con el problema resuelto, Falcon se separó de Endeavour con unos 25 minutos de retraso y Worden elevó su nave a una órbita casi circular para comenzar su trabajo científico.

El descenso por la ladera de los Apeninos fue exigente. La trayectoria llegaba desviada y los cráteres que Scott había memorizado en el simulador costaban de reconocer con la luz real; en los últimos metros el polvo levantado por el motor ocultó por completo el suelo. Falcon se posó el 30 de julio con cerca de 103 segundos de combustible disponible, a unos 550 metros del punto previsto y sobre el borde de un pequeño cráter, con una inclinación notable y en lo que probablemente fue el alunizaje más duro de todo el programa.

Una mirada desde la escotilla

Como Falcon debía pasar casi tres días en la Luna y había llegado a última hora de la tarde según el horario de Houston, Scott quiso respetar el ritmo de sueño de la tripulación: primero se dormiría y después se saldría. Antes, sin embargo, abrió la escotilla superior del módulo, la que normalmente servía para el acoplamiento, y pasó media hora asomado describiendo y fotografiando el entorno. Era la lección de Silver de subir a un punto alto para reconocer un terreno nuevo. Slayton y otros responsables se oponían por el oxígeno que se perdería, pero Scott se salió con la suya y aprovechó esa única salida «de pie» de todo el programa para planear la jornada siguiente. Después, Scott e Irwin se quitaron los trajes para dormir, los primeros astronautas en hacerlo sobre la Luna.

Primera salida: ruedas en la Luna

Scott e Irwin se convirtieron en el séptimo y el octavo hombres en pisar la Luna. Desplegar el vehículo lunar, plegado en un compartimento de la etapa de descenso, costó más de lo previsto por la inclinación del módulo, hasta que los expertos de Houston sugirieron levantar la parte delantera mientras tiraban de él. En la revisión, una batería marcó tensión cero, aunque solo era un fallo del indicador. Más serio fue que la dirección de las ruedas delanteras no respondía: Scott cambió de circuito de alimentación y probó de nuevo, sin resultado, así que la primera excursión se hizo girando solo con las traseras, que bastaron para maniobrar. «Okay. Out of detent; we're moving», dijo Scott a mitad de frase mientras se alejaba de Falcon: las primeras palabras de un ser humano al volante sobre la Luna.

Apolo 15
Vistas del eclipse lunar del Apolo 15

El surco no se veía desde el punto de alunizaje, pero apareció a medida que avanzaban por el terreno ondulado. Pusieron rumbo al cráter Elbow, un punto conocido que permitió al control de misión afinar la posición real del módulo, recogieron muestras allí y siguieron hasta las cercanías del cráter St. George, en la falda del monte Hadley Delta. De regreso, guiados por el sistema de navegación del vehículo, habían recorrido unos 10,3 kilómetros.

Quedaba montar el ALSEP, el paquete de experimentos que seguiría funcionando tras su marcha, a unos 110 metros al oeste-noroeste del módulo. La parte más dura fue el experimento de flujo de calor, que necesitaba dos perforaciones para alojar sus sondas térmicas. Scott logró abrir el primer agujero hasta unos 172 centímetros y colocar la primera sonda, pero el taladro avanzaba mucho peor de lo esperado y el segundo tuvo que aplazarse. La primera salida duró 6 horas y 32 minutos.

Spur y la Genesis Rock

Al empezar la segunda salida, el 1 de agosto, Scott volvió a probar el interruptor y el disyuntor de la dirección delantera y, para sorpresa de todos, funcionó. Ensayó primero la dirección a las cuatro ruedas, que resultó demasiado sensible, y se quedó con la delantera sola para el resto de la misión. El recorrido de ida y vuelta, de 12,5 kilómetros, se dirigió al sur, hacia el frente de los Apeninos, por un camino más oriental que el de la víspera. La meta era la ladera de Hadley Delta, cuyo escarpe se consideraba un fragmento expuesto de la corteza anterior al impacto que formó el Mare Imbrium: los Apeninos serían bloques levantados y fracturados por aquel choque.

Apolo 15
Los astronautas Scott e Irwin se unen a los geólogos para revisar las muestras del Apolo 15

En el cráter Spur pasaron una hora y recogieron un fragmento de anortosita de unos 270 gramos, compuesto sobre todo por anortita, que la prensa bautizó como «Genesis Rock». La esperanza de encontrar una roca así había sido uno de los motivos para elegir Hadley, y en un primer momento se pensó que era un resto de la corteza primordial de la Luna. Análisis posteriores le atribuyeron unos 4.100 millones de años, más joven que la propia Luna, aunque sigue siendo una muestra antiquísima; se conserva en Houston con el número 15415. En el viaje de vuelta pararon en el borde sur del cráter Dune, dentro del grupo de cráteres del sur, que probablemente se formó por la caída de escombros de un gran impacto lejano y permitía muestrear material de otras regiones sin recorrer grandes distancias.

Ya en el módulo, Scott regresó al ALSEP, terminó el segundo agujero del experimento térmico a la misma profundidad y colocó la sonda, aunque un tramo dañado del tubo de perforación le impidió llegar al fondo: se quedó a 105 centímetros, mientras la primera ocupaba el tramo entre 47 y 152 centímetros. El experimento se había activado el 31 de julio y enviaba datos válidos de temperatura del subsuelo. Scott empezó después a perforar para extraer un testigo profundo, pero tuvo que dejarlo por falta de tiempo. Tras izar la bandera, la segunda salida terminó al cabo de 7 horas y 12 minutos.

El núcleo profundo y el surco de Hadley

La tercera salida, el 2 de agosto, comenzó más tarde de lo previsto para que la tripulación descansara y se recortó de seis a cuatro horas y media. Lo primero era recuperar el testigo profundo, y costó mucho: sacarlo del suelo ya consumió tiempo y, una vez fuera, un tornillo de banco mal montado en el vehículo impidió dividirlo en tramos. Solo separaron dos secciones; el taladro y las otras cuatro quedaron para la vuelta. Scott llegó a preguntar si merecía la pena tanto esfuerzo, y el CAPCOM Joe Allen le aseguró que sí. Tenía razón: aquel núcleo resultó una de las piezas más valiosas traídas de la Luna. El precio fue renunciar a la visita al North Complex, un grupo de colinas de posible origen volcánico.

En su lugar volvieron al borde de Hadley Rille, esta vez al noroeste del módulo, con paradas en los cráteres Scarp y Rim y en The Terrace. El surco, de unos 80 kilómetros de longitud, alcanza allí unos 370 metros de profundidad, con paredes inclinadas unos 25 grados. Antes del programa Apolo había científicos que lo atribuían al agua; hoy se explica por el vulcanismo, como un cauce de lava o un tubo volcánico cuyo techo se hundió. En la pared oeste fotografiaron capas bien visibles, algunas de hasta unos 60 metros de espesor, probablemente un corte de coladas del mar y quizá de depósitos piroclásticos, y tomaron una muestra de un saliente de roca madre en el borde, además de un testigo doble. Entre lo recogido en la misión había basaltos que iban de los vesiculares y escoriáceos a los densos con cristales de más de un centímetro, brechas semejantes a las del Apolo 14 y abundante vidrio. De regreso, recuperaron el resto del núcleo: separaron una sección más y las tres restantes viajaron a la Tierra en una sola pieza, más larga de lo previsto.

Apolo 15
Módulo de Instrumentos Científicos que volará en el Apolo 15

Junto a Falcon, Scott matasellaba ante la cámara, con un equipo del Servicio Postal, un sobre de primer día de dos sellos que se emitían esa misma jornada y, a continuación, dejaba caer a la vez un martillo y una pluma de halcón: ambos llegaron juntos al suelo, como había predicho Galileo para la caída sin resistencia del aire. La idea había sido de Joe Allen, que buscaba un experimento divulgativo memorable. Scott aparcó luego el vehículo lejos del módulo para que la cámara pudiera filmar el despegue y, con la cámara vuelta hacia otro lado, dejó junto a él la estatuilla de aluminio «Fallen Astronaut», de 8,9 centímetros, obra del artista belga Paul Van Hoeydonck, y una placa con los nombres de ocho astronautas estadounidenses y seis cosmonautas soviéticos fallecidos. A Houston le dijo que estaba haciendo limpieza alrededor del vehículo, y no reveló el homenaje hasta la rueda de prensa posterior al vuelo. La tercera salida duró 4 horas, 49 minutos y 50 segundos.

Balance del vehículo lunar

Entre las tres salidas, el vehículo recorrió 27,9 kilómetros, y la pareja pasó en total unas 18 horas y media fuera del módulo y reunió 77 kg de muestras representativas del frente de los Apeninos, del mar que rodeaba el punto de alunizaje y de la roca madre del borde del surco. La navegación funcionó sin tacha: la deriva del giróscopo fue prácticamente nula, el error a la distancia máxima de 5,0 kilómetros rondó los 0,3 kilómetros, nunca hubo que realinear el sistema y los errores de cierre de los tres recorridos fueron de 0, 100 y 200 metros. La unidad de enlace de comunicaciones tampoco dio problemas. Aparte de la dirección delantera y de algunas dificultades con los cinturones, la tripulación quedó muy satisfecha con la velocidad del vehículo y su capacidad para subir pendientes.

Worden en órbita: la ciencia desde arriba

Mientras sus compañeros exploraban Hadley, Worden completó 34 órbitas en solitario en Endeavour, con su propio CAPCOM y su propio equipo de apoyo. La bahía SIM, un espacio antes vacío del módulo de servicio cuya puerta se había desprendido con explosivos durante el viaje de ida, reunía una cámara panorámica y otra cartográfica, un espectrómetro de rayos gamma en el extremo de una pértiga, un espectrómetro de rayos X, otro de partículas alfa, un espectrómetro de masas y un altímetro láser que falló a mitad de misión. Los datos de rayos X mostraron un flujo fluorescente mayor de lo previsto y unas tierras altas más ricas en aluminio que los mares. Desde una órbita más inclinada que la de misiones anteriores, Worden describió relieves hasta entonces desconocidos, y saludaba cada vez que recuperaba el contacto al salir de la cara oculta con «Hola, Tierra. Saludos desde Endeavour», en un idioma distinto cada vez.

Regreso y paseo en el espacio profundo

Falcon despegó de la Luna el 2 de agosto tras 66 horas y 55 minutos en la superficie y se acopló de nuevo con Endeavour en la primera órbita. Una vez trasvasadas las muestras, la etapa de ascenso se desechó con una vuelta de retraso por problemas para verificar la estanqueidad y se estrelló contra la Luna, un impacto que recogieron los sismómetros de los Apolo 12, 14 y 15. Los médicos habían detectado irregularidades en el ritmo cardíaco de Scott e Irwin durante las salidas, que atribuyeron a una falta de potasio, aunque no se lo comunicaron a la tripulación durante el vuelo.

Apolo 15
Astronaut Alfred Worden, Apollo 15 Command Module Pilot

Los dos días siguientes se dedicaron a la ciencia orbital. El 4 de agosto, poco antes de emprender el regreso, se soltó desde la bahía SIM el subsatélite de partículas y campos PFS-1, que debía estudiar el plasma, las partículas y el campo magnético del entorno lunar y cartografiar su gravedad; envió datos hasta enero de 1973. Tras 74 órbitas, Endeavour puso rumbo a la Tierra. Al día siguiente, a unos 317.000 km de casa, Worden salió al exterior durante unos 38 minutos para recuperar los casetes de película de las cámaras panorámica y cartográfica, con Irwin asomado a la escotilla y la televisión transmitiendo. Hizo tres viajes hasta la bahía SIM y examinó de paso el estado de los instrumentos. Fue el primer paseo espacial realizado lejos de cualquier cuerpo planetario y sigue siendo el más alejado de la Tierra.

El 7 de agosto el módulo de mando descendió sobre el Pacífico Norte. Uno de sus tres paracaídas falló tras desplegarse, probablemente dañado por la purga de combustible, pero dos bastaban para un amerizaje seguro. El buque USS Okinawa recuperó a la tripulación tras una misión de 12 días, 7 horas y 11 minutos.

El escándalo de los sobres

Antes del vuelo, los tres astronautas habían aceptado llevar sobres filatélicos a la Luna a cambio de unos 7.000 dólares cada uno, que pensaban reservar para sus hijos. El intermediario fue Walter Eiermann, bien relacionado con el cuerpo de astronautas, y el comprador, el comerciante de sellos de Alemania Occidental Hermann Sieger. Scott subió a bordo unos 400 sobres sin la autorización obligatoria de Slayton; viajaron en Falcon hasta la superficie y, tras el regreso, 100 acabaron en manos de Sieger, que los vendió a finales de 1971 a unos 1.500 dólares la pieza. Cuando empezaron a circular, los astronautas devolvieron los pagos y rechazaron cualquier compensación. Slayton se enteró en abril de 1972 y los apartó de la tripulación de reserva del Apolo 17. El asunto saltó a la prensa en junio, la NASA abrió una investigación y el 10 de julio los tres fueron amonestados por falta de criterio. El comité espacial del Senado celebró una audiencia a puerta cerrada el 3 de agosto. Ninguno volvió a volar: Irwin dejó la NASA en 1972 y Scott y Worden pasaron a otros puestos en la agencia. Los sobres que conservaban quedaron retenidos por el Gobierno hasta que Worden demandó a la NASA y, en julio de 1983, un acuerdo extrajudicial los devolvió a los tres.

La estatuilla tuvo su propia polémica. Scott la había encargado con la condición de que no hubiera explotación comercial, y tras su revelación se entregó una sola réplica al Museo Nacional del Aire y del Espacio. Van Hoeydonck entendía el acuerdo de otro modo y llegó a anunciar la venta de 950 copias firmadas, un plan que canceló bajo la presión de la NASA.

Legado

El Apolo 15 fijó el modelo de las misiones J que seguirían: estancias largas, vehículo lunar, geología planificada con criterio científico y observación sistemática desde la órbita. El módulo de mando Endeavour se expone hoy en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en Dayton (Ohio).

Apolo 15
Actividad en el Centro de Control de Misión durante la EVA del Apolo 15

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Fuentes: NASA — Apollo by the Numbers (SP-2000-4029)