Estados Unidos · 2006–

Rocket Lab

Rocket Lab es una empresa aeroespacial que fabrica cohetes, motores, satélites y componentes espaciales, y que vende servicios de lanzamiento. Nació en Nueva Zelanda en junio de 2006 de la mano de Peter Beck, un ingeniero autodidacta sin estudios universitarios, y hacia 2013 trasladó su registro y su sede a California, de modo que la sociedad neozelandesa original pasó a ser filial de la estadounidense. Hoy tiene su cuartel general en Long Beach y cotiza en el Nasdaq desde agosto de 2021. Su producto más conocido es Electron, un lanzador ligero de dos etapas propulsado por los motores Rutherford, cuyas bombas no se mueven con turbinas sino con motores eléctricos alimentados por baterías. Tras un primer vuelo fallido en 2017, alcanzó la órbita en enero de 2018 y a comienzos de 2026 sumaba más de 75 misiones, lo que lo convierte en el pequeño lanzador más activo del mundo. De Electron derivan la variante suborbital HASTE, usada para ensayos hipersónicos, y la plataforma de satélite Photon, que en 2022 envió hacia la Luna la sonda CAPSTONE de la NASA. En la década de 2020 la compañía se transformó en un proveedor integral del sector: con una cadena de compras (Sinclair Interplanetary, ASI, Planetary Systems, SolAero, GEOST, Mynaric, Motiv) pasó a producir ruedas de reacción, paneles solares, sistemas de separación, software y terminales láser, y a construir satélites completos para clientes como la Space Development Agency. Opera bases de lanzamiento en la península de Māhia (Nueva Zelanda) y en Wallops (Virginia), y desarrolla Neutron, un cohete parcialmente reutilizable de clase media.

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Historia

Un ingeniero de Invercargill

La historia de Rocket Lab es inseparable de la de su fundador. Peter Beck creció en Invercargill, en el extremo sur de Nueva Zelanda, hijo de un director de museo y gemólogo y de una maestra. De adolescente trucaba un viejo Mini y lanzaba cohetes de agua; no pasó por la universidad. Entre 2001 y 2006 trabajó en Industrial Research Limited, un centro de investigación donde se ocupó de materiales inteligentes, compuestos y superconductores, y donde conoció al empresario Stephen Tindall, que acabaría invirtiendo en su proyecto.

En 2006 Beck acompañó a su esposa en un viaje de trabajo a Estados Unidos y aprovechó para recorrer el país en busca de gente del mundo de los cohetes. De aquel viaje volvió convencido de que había sitio para un lanzador pequeño y barato, y en junio de ese año fundó Rocket Lab en Nueva Zelanda. Buscando capital conoció a Mark Rocket, un emprendedor de internet neozelandés que se convirtió en inversor semilla y fue codirector entre 2007 y 2011. También entraron Tindall, el inversor Vinod Khosla y el propio Gobierno neozelandés.

Ātea-1: el primer salto al espacio

El primer hito llegó el 30 de noviembre de 2009. Desde Great Mercury Island, una isla privada frente a la península de Coromandel propiedad del banquero e inversor Michael Fay, la empresa lanzó el cohete sonda Ātea-1, cuyo nombre significa «espacio» en maorí y al que los iwi locales bautizaron Manu Karere, «pájaro mensajero». Era un vehículo de unos 6 metros y alrededor de 60 kg, pensado para subir una carga de 2 kg hasta unos 120 km de altura. Con él, Rocket Lab se convirtió en la primera empresa privada del hemisferio sur en llegar al espacio. El vuelo tuvo sus sombras: la carga, un dardo instrumentado sin enlace de telemetría, nunca se recuperó y el lanzamiento llegó a considerarse fallido; las prestaciones se dedujeron de la etapa de aceleración, que sí transmitió datos y fue recuperada. La experiencia bastó para que todo el equipo pasara a trabajar en un lanzador orbital. El Ātea no volvió a volar.

Contratos y experimentos de los primeros años

Antes de tener un lanzador orbital, la empresa vivió de encargos y prototipos. En diciembre de 2010 la Operationally Responsive Space Office del Gobierno estadounidense le adjudicó un estudio sobre un lanzador de bajo coste para poner CubeSats en órbita, y un acuerdo con la NASA le abrió el acceso a personal, instalaciones y equipos de la agencia para sus esfuerzos comerciales. En 2011 desarrolló Instant Eyes, un pequeño cohete con cámara de 5 megapíxeles destinado a uso militar que, como un dron desechable, subía a 2.500 pies en 20 segundos para ofrecer una vista aérea. En 2012 demostró un cohete movido por un monopropulsante líquido viscoso, fruto de trabajos con DARPA y la Oficina de Investigación Naval: una sustancia tixotrópica que se comporta como un sólido hasta que se somete a esfuerzo, no tóxica, soluble en agua y poco inflamable. La empresa obtuvo una patente estadounidense sobre el sistema.

El salto a Estados Unidos y la financiación

Hacia 2013 Rocket Lab trasladó su registro a Estados Unidos y abrió su sede central en Huntington Beach, California; la sociedad neozelandesa quedó como filial de la nueva matriz estadounidense. El cambio coincidió con la llegada de capital norteamericano y con una implicación creciente del Gobierno de Estados Unidos. Ese mismo año invirtieron Khosla Ventures y Callaghan Innovation, una entidad pública neozelandesa; Bessemer Venture Partners entró en 2014 y Lockheed Martin en 2015. En marzo de 2017 la compañía cerró una ronda de serie D de 75 millones de dólares encabezada por Data Collective, y en noviembre de 2018 otra de serie E de 150 millones liderada por Future Fund. En mayo de 2017 se informó de que la aportación de Callaghan Innovation sumaba 15 millones de dólares neozelandeses.

Electron y el motor Rutherford

Con ese dinero se desarrolló Electron, un cohete de dos etapas pensado para satélites pequeños: unos 150 kg a una órbita heliosíncrona de 500 km, por menos de 5 millones de dólares por lanzamiento según las previsiones. Su originalidad está en el motor Rutherford, que equipa ambas etapas. En lugar de un generador de gas o una precámara que mueva las turbobombas, sus bombas las accionan motores eléctricos alimentados por baterías, y buena parte del motor se fabrica por impresión 3D mediante fusión por haz de electrones, capa a capa de polvo metálico en alto vacío. En marzo de 2016 el Rutherford de segunda etapa ya había completado sus pruebas de encendido. La estructura principal es de compuesto de carbono; fabricar esas piezas exigía tradicionalmente 400 horas de trabajo muy manual, y a finales de 2019 la empresa puso en marcha un robot, apodado Rosie por el personaje de Los Supersónicos, que las producía en 12 horas.

Māhia: una base de lanzamiento privada

Rocket Lab quería lanzar desde Kaitorete Spit, en la Isla Sur, pero tuvo problemas para obtener los permisos ambientales y en noviembre de 2015 anunció que su base principal estaría en la península de Māhia, en la costa este de la Isla Norte. Allí levantó el Launch Complex 1, un puerto espacial privado con licencia para lanzar cada 72 horas durante 30 años, que se inauguró oficialmente el 26 de septiembre de 2016 (hora UTC). El complejo reúne plataformas de lanzamiento, una nave de integración y un centro de control; una segunda plataforma, la 1B, empezó a construirse en diciembre de 2019 y se estrenó el 28 de febrero de 2022.

De la primera prueba al servicio comercial

Electron voló por primera vez el 25 de mayo de 2017 desde Māhia. Subió hasta unos 224 km y se comportaba con normalidad cuando se perdió la telemetría y el control de vuelo ordenó destruirlo. El segundo intento, llamado con ironía Still Testing, despegó el 21 de enero de 2018, alcanzó la órbita y liberó CubeSats de Planet Labs y Spire Global, además de la Humanity Star, una esfera geodésica de fibra de carbono con 65 paneles reflectantes que reentró y se desintegró en marzo de 2018. El primer lanzamiento comercial, tercero en total, despegó el 11 de noviembre de 2018 con satélites de Spire Global y GeoOptics, un CubeSat construido por estudiantes de secundaria y el prototipo de una vela de frenado. Ese mismo año la NASA contrató su primera misión con la empresa, que valoró en 6,9 millones de dólares, y en octubre Rocket Lab presentó en Auckland una fábrica de tanques y etapas que se encarga de la integración final de los cohetes que salen de Māhia.

Rocket Lab
Electron «Rocket Like A Hurricane» (TROPICS, 8 de mayo de 2023, vuelo de la etapa kick): Lanzamiento del cohete TROPICS (KSC-20230507 PH-RLS01 0006)

El negocio crecía: los ingresos por lanzamientos fueron de 13,5 millones de dólares en 2018 y de 48 millones en 2019, con una estimación de 33 millones para 2020. A finales de 2018 la empresa eligió el Mid-Atlantic Regional Spaceport, en Wallops (Virginia), como segunda base, por su infraestructura disponible, por el escaso tráfico de otros operadores y porque ampliaba las inclinaciones orbitales accesibles desde Nueva Zelanda; el Launch Complex 2 quedó terminado en diciembre de 2019, aunque el primer Electron no despegó de allí hasta el 24 de enero de 2023, con tres satélites a bordo.

La apuesta por la reutilización

Durante años la compañía había dicho públicamente que no pensaba recuperar sus cohetes, pero en 2018 empezó a trabajar en ello y en agosto de 2019 explicó el plan: frenar la primera etapa con un paracaídas y atraparla en el aire. En diciembre de 2019, en el décimo vuelo de Electron, probó un decelerador aerotérmico propio que permitió a la etapa atravesar con éxito la transición entre el espacio y la baja atmósfera. El 19 de noviembre de 2020 la misión Return to Sender colocó 30 satélites pequeños en órbita y recuperó la primera etapa del mar. El 3 de mayo de 2022, en la misión There And Back Again, un helicóptero llegó a enganchar en el aire la etapa que descendía, algo nunca visto; como colgaba de forma incorrecta, se soltó y acabó amerizando, de donde la recogió un barco. Hasta ahora se han hecho dos intentos de captura con helicóptero y seis de recuperación en el agua.

Fallos y regresos

El camino de Electron no ha estado libre de tropiezos. El 4 de julio de 2020 un problema durante el encendido de la segunda etapa del decimotercer vuelo, Pics or It Didn't Happen, hizo perder la carga. El 15 de mayo de 2021 la misión Running Out Of Toes recuperó la primera etapa, pero la segunda falló y dos satélites de BlackSky se perdieron. El 19 de septiembre de 2023 otro fallo de segunda etapa, poco después de la separación, costó un satélite radar de Capella Space; Electron volvió a volar el 14 de diciembre con un satélite radar japonés, que fue su décimo lanzamiento de ese año, un récord para el cohete.

Photon y el camino a la Luna

En 2020 Rocket Lab lanzó First Light, el primer satélite diseñado y construido por ella misma, derivado de la etapa de inserción de Electron. De ese concepto nació Photon, una plataforma de satélite que se estrenó en agosto de 2020 en la misión I Can't Believe It's Not Optical. Photon usa propulsión química, con motores Curie, HyperCurie (una evolución hipergólica y de bombeo eléctrico) o de terceros, y sirve para alojar cargas en órbita baja, sobrevolar la Luna o emprender misiones interplanetarias. En febrero de 2020 la NASA eligió a la empresa para lanzar CAPSTONE, un CubeSat del tamaño de un microondas destinado a probar la órbita lunar elíptica prevista para la estación Gateway del programa Artemis. Previsto inicialmente desde Virginia, el lanzamiento se trasladó a Nueva Zelanda por retrasos en la certificación de un sistema de terminación de vuelo de la NASA y se realizó en junio de 2022; el 4 de julio el motor HyperCurie de Photon completó la maniobra de inyección translunar. CAPSTONE cumplió su misión principal de seis meses y siguió enviando datos en una misión ampliada. En agosto de 2022 la empresa anunció además Venus Life Finder, una pequeña sonda privada que caería durante unos minutos por la alta atmósfera de Venus buscando compuestos orgánicos.

La primera compra y el traslado a Long Beach

En marzo de 2020 Rocket Lab compró Sinclair Interplanetary, un fabricante canadiense de componentes para satélites pequeños, cuya tecnología incorporó a Photon a la vez que ampliaba su producción para terceros. Ese mismo año trasladó la sede a Long Beach para acomodar una plantilla en crecimiento y estar más cerca de proveedores y clientes. Allí se fabrican los motores Rutherford y la aviónica, y desde allí salen los componentes que se envían a Nueva Zelanda para la integración.

Salida a bolsa y una cadena de adquisiciones

En marzo de 2021 la empresa anunció su salida a bolsa mediante la fusión con una sociedad de adquisición con fines especiales, Vector Acquisition Corporation, y al mismo tiempo presentó Neutron, su cohete de clase media. Empezó a cotizar en el Nasdaq el 25 de agosto de 2021 con una valoración de 4,8 miles de millones de dólares y una entrada bruta de 777 millones de dólares en caja. Por entonces tenía más de 500 empleados y había puesto en órbita 105 satélites. De lo recaudado destinó entre 250 y 300 millones al desarrollo de Neutron.

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Electron «Rocket Like A Hurricane» (TROPICS, 8 de mayo de 2023, vuelo de la etapa kick): Lanzamiento del cohete TROPICS (KSC-20230507 PH-RLS01 0005 reupload)

La caja sirvió también para comprar. En octubre de 2021 adquirió Advanced Solutions, Inc. (ASI), especialista en software de vuelo con sede en Colorado; en noviembre, Planetary Systems Corporation, fabricante de sistemas de separación de satélites, por 81,4 millones de dólares; y en enero de 2022, SolAero, proveedor de energía solar espacial con instalaciones en Albuquerque. En septiembre de 2021 abrió en Auckland una línea capaz de producir hasta 2.000 ruedas de reacción al año para un cliente de megaconstelaciones no revelado. Con todo ello la compañía dejó de ser solo un lanzador para convertirse en fabricante de satélites completos, para operadores comerciales como Globalstar y para clientes públicos como la Space Development Agency.

HASTE, motores y nuevas fábricas

El 18 de junio de 2023 voló por primera vez HASTE, una versión suborbital de Electron concebida como banco de pruebas hipersónico, en la misión Scout's Arrow para Leidos. En mayo de 2023 Rocket Lab compró, en la quiebra de Virgin Orbit, su fábrica de Long Beach con maquinaria y equipos, y en octubre la inauguró como centro de desarrollo de motores, donde produce los Rutherford y el nuevo Archimedes, cuyo banco de pruebas en el Stennis Space Center de la NASA se había estrenado en noviembre de 2022. Ese mismo octubre se quedó con las instalaciones de compuestos de SailGP Technologies en Warkworth (Nueva Zelanda) y con más de 50 de sus trabajadores, y en noviembre anunció un complejo de estructuras espaciales en Middle River (Maryland). En enero de 2024 se convirtió en contratista principal de un proyecto de satélites militares de la Fuerza Espacial estadounidense por 515 millones de dólares, el mayor contrato de su historia, y en octubre de 2024 la NASA le encargó estudiar conceptos para traer muestras de Marte.

Neutron

Neutron es la gran apuesta de la empresa: un lanzador de dos etapas de clase media, parcialmente reutilizable y apto para vuelos tripulados, presentado el 1 de marzo de 2021 y pensado para desplegar megaconstelaciones. En configuración reutilizable debe poner unos 13.000 kg en órbita baja, con unos 40 m de altura y una cofia de 4,5 m de diámetro, y su primera etapa regresará para aterrizar. Se lanzará desde Wallops, junto a la cual Rocket Lab empezó a construir su fábrica el 11 de abril de 2022. El nuevo Launch Complex 3 se inauguró el 28 de agosto de 2025 con la presencia del gobernador de Virginia, Glenn Youngkin. Las fechas han ido corriéndose: la empresa aspiraba a volar en 2025 y, según las últimas previsiones recogidas, el primer lanzamiento no será antes del último trimestre de 2026.

Crecimiento reciente

En mayo de 2025 la empresa acordó la compra de GEOST, que sumó 115 personas y llevó la plantilla por encima de 2.600, más de 700 de ellas en Nueva Zelanda. En marzo de 2026 firmó con el Departamento de Defensa estadounidense un contrato de 190 millones de dólares para una serie de vuelos de prueba hipersónicos con HASTE, del que tenía ya al menos veinte misiones contratadas hasta 2030. En abril de 2026 cerró la compra de Mynaric, fabricante alemán de terminales de comunicación óptica por láser, por 155,3 millones de dólares, lo que le dio su primera presencia en Europa, y presentó Gauss, un sistema propio de propulsión eléctrica con una línea capaz de producir más de 200 propulsores al año. En mayo de 2026 obtuvo un contrato de 90 millones de dólares del Space Systems Command para construir y operar dos satélites geoestacionarios y completó la compra de Motiv Space Systems, especialista en robótica espacial de Pasadena, rebautizada Rocket Lab Robotics.

Controversias y reconocimientos

La actividad militar de algunos clientes ha generado polémica en Nueva Zelanda. En octubre de 2024 el Partido Verde preguntó en el Parlamento si los lanzamientos para BlackSky, con contratos de imágenes para el Ministerio de Defensa israelí, podían prohibirse en virtud de la ley espacial de 2017; en noviembre de 2024 la prensa informó de que la empresa había amenazado con una demanda por difamación a un académico que la vinculó con el control militar estadounidense de armas nucleares, y en octubre de 2025 un grupo activista pidió al primer ministro que retirase la autorización de nuevos lanzamientos de BlackSky. En el plano opuesto, Beck fue nombrado innovador del año en Nueva Zelanda en 2015, y en 2020 tanto él como la empresa recibieron la Pickering Medal de la Royal Society Te Apārangi. La rivalidad de Rocket Lab con Astra protagonizó en 2024 el documental Wild Wild Space, de HBO.

Rocket Lab
Electron «Rocket Like A Hurricane» (TROPICS, 8 de mayo de 2023, vuelo de la etapa kick): Lanzamiento del cohete TROPICS (KSC-20230507 PH-RLS01 0004 reupload)

Catálogo — Cohetes

  • 2017

    Electron

    Electron es un lanzador orbital ligero de dos etapas desarrollado por Rocket Lab, empresa aeroespacial con raíces en Nueva Zelanda y Estados Unidos que opera tanto la fabricación del vehículo como el servicio de lanzamiento. Mide 18 m de altura por 1,2 m de diámetro y pesa unas 13 toneladas en el despegue; su estructura principal se fabrica en material compuesto de carbono ligero. Está pensado para el mercado comercial de pequeños satélites y es el tercer lanzador ligero más volado de la historia. Su rasgo técnico distintivo son los motores Rutherford, los primeros de bombeo eléctrico que han impulsado un cohete de clase orbital: las turbobombas se sustituyen por bombas eléctricas alimentadas con baterías de polímero de litio, y casi todas las piezas del motor se fabrican por impresión 3D. La primera etapa lleva nueve Rutherford y la segunda uno optimizado para vacío, ambas con propelentes RP-1 y oxígeno líquido. Sobre ellas puede montarse una tercera etapa opcional de circularización, la llamada etapa de pateo, con un motor Curie capaz de encendidos múltiples, o bien la nave Photon derivada de ella. La capacidad de carga se elevó de los 225 kg originales a 300 kg en órbita baja, y de 150 kg a 200 kg en órbita heliosíncrona, gracias sobre todo a los avances en las baterías. El precio de partida ronda los 7,5 millones de dólares por lanzamiento. Vuela desde el complejo LC-1 de la península de Māhia, en Nueva Zelanda, y desde el LC-2 del Mid-Atlantic Regional Spaceport, en Virginia. Concebido como vehículo desechable, Rocket Lab llegó a recuperar la primera etapa en dos ocasiones y a reutilizar un motor Rutherford, aunque acabó abandonando la idea de capturar el propulsor en el aire.

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