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¿Por qué los aviones dejan una línea blanca?

Respuesta directa

Esa línea blanca es una estela de condensación: el vapor de agua que sale de los motores se congela al instante en cristales de hielo cuando el aire exterior está por debajo de unos −40 °C, algo habitual por encima de 8.000 m (26.000 ft). No es humo ni combustible, sino una nube artificial de hielo que persiste si el aire está húmedo.

¿Por qué los aviones dejan una línea blanca?
Airbus A380 Singapore AirlinesSaschaporsche (CC BY SA), vía commons

Agua, no humo

Al quemar queroseno, un motor a reacción produce sobre todo dióxido de carbono y vapor de agua: por cada kilo de combustible salen aproximadamente 1,25 kg de agua en forma de gas. Ese vapor abandona la tobera a varios cientos de grados y se mezcla en fracciones de segundo con un aire que, a la altitud de crucero, está entre −40 y −60 °C. La mezcla se satura, el vapor se condensa sobre las partículas de hollín y de azufre del propio escape y las gotas se congelan en cristales de hielo. El resultado es un cirro lineal fabricado por el avión, visible desde el suelo como una raya blanca.

Por qué unas veces sí y otras no

La formación depende de la temperatura y la humedad del aire, no del avión. El criterio de Schmidt-Appleman, formulado a mediados del siglo XX, fija el umbral: por debajo de unos −40 °C la estela se forma casi siempre; en el aire cálido de baja altura no aparece, y por eso los aviones que despegan o aterrizan no la dejan. Si el aire ambiente es seco, los cristales se subliman en segundos y la estela apenas mide unos centenares de metros. Si el aire está saturado respecto al hielo, la estela sobrevive horas, el viento la ensancha y puede convertirse en una capa de cirros que cubre decenas de kilómetros.

La huella climática

Las estelas persistentes no son inocuas. Retienen la radiación infrarroja que emite la Tierra más de lo que reflejan la luz solar, así que en conjunto calientan. Los estudios recogidos por la EASA y la NASA estiman que su efecto sobre el clima es comparable al del CO2 que emite la propia aviación, aunque con mucha más incertidumbre. Por eso se ensayan rutas que esquivan las capas húmedas y combustibles con menos azufre y hollín, que generan menos núcleos de condensación. En cambio, no hay ninguna base para las teorías sobre fumigaciones químicas: la composición de las estelas se ha medido en vuelo durante décadas y es hielo.

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