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¿Como aterriza el transbordador espacial?

Respuesta directa

El transbordador, retirado en 2011, aterrizaba como un planeador sin motor: tras un encendido de frenado en órbita, reentraba con el morro alto para disipar calor, hacía giros en S para perder velocidad y descendía por una senda siete veces más pronunciada que la de un avión de línea hasta tocar pista a unos 350 km/h (190 kn) y frenar con paracaídas.

¿Como aterriza el transbordador espacial?
Aterrizaje del STS-76: el transbordador Atlantis aterriza en la base Edwards de la Fuerza Aérea, despliegue del paracaídas de frenado DVIDS

Un planeador de 100 toneladas

El orbitador del transbordador no tenía motores utilizables para aterrizar: sus tres motores principales solo funcionaban con el tanque externo en el ascenso, y los motores orbitales OMS no servían en la atmósfera. Desde el encendido de frenado hasta la pista, la nave era un planeador pesado con un ala en delta doble y una relación de planeo muy pobre. Por eso el aterrizaje se planificaba con exactitud: solo había una oportunidad, sin posibilidad de dar una vuelta y reintentar.

De la órbita a la atmósfera

Aproximadamente una hora antes del aterrizaje, al otro lado del planeta, el orbitador se orientaba con la cola por delante y encendía los OMS durante unos tres minutos para reducir su velocidad en apenas 300 km/h, lo justo para que la órbita rozara la atmósfera. Después giraba de nuevo, morro por delante y con un ángulo de ataque de unos 40 grados, de modo que las losetas del vientre y el borde de ataque de carbono reforzado absorbían el calor de la reentrada, cercano a 1.650 °C. A velocidades hipersónicas el ordenador de vuelo ejecutaba una serie de giros en S, alabeos amplios que alargaban la trayectoria y disipaban energía sin sobrecalentar la estructura.

La aproximación final

En la fase final de aproximación, iniciada a unos 25 km de altitud, el comandante tomaba los mandos y alineaba la nave con un cilindro imaginario de alineación de rumbo. La senda de descenso, de unos 20 grados, era unas siete veces más pronunciada que la de un avión comercial. A unos 600 m de altura se iniciaba la recogida, el tren se bajaba en los últimos segundos y las ruedas principales tocaban a unos 350 km/h (190 kn). Un paracaídas de frenado, incorporado en 1992, y los frenos de las ruedas detenían el orbitador en menos de 3 km de pista, en Kennedy o en Edwards.

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