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¿Que vio neil armstrong en la cueva de los tayos?

Respuesta directa

Una cueva enorme y llena de vida, no una obra extraterrestre. Según el relato de un espeleólogo del equipo, publicado en 1979, Armstrong fue la figura de honor de una expedición escocesa y ecuatoriana a la Cueva de los Tayos; allí aparecieron fragmentos de cerámica y conchas estimados en miles de años, y ni rastro de las galerías artificiales de von Däniken.

¿Que vio neil armstrong en la cueva de los tayos?
Lanzarote 5 Luc ViatourLviatour (CC BY SA), vía commons

Una expedición contada por quien estuvo

La Cueva de los Tayos, en Ecuador, era para los expedicionarios «la cueva de los guácharos», las aves nocturnas cuyo chillido resuena en su interior. Su fama venía de un libro: en «El oro de los dioses», Erich von Däniken afirmaba que aquellas cuevas eran artificiales, que recorrían toda la cordillera de los Andes y que las había hecho una raza, probablemente extraterrestre, provista de lanzas térmicas y armas nucleares. La expedición fue una empresa escocesa y ecuatoriana, ideada por Stanley Hall, un arqueólogo aficionado de Dollar, en Escocia, y dirigida por el mayor Chris Browne. El ejército se encargó de llevar hasta allí a los científicos, sobre todo zoólogos y botánicos: más de veinte, con un contingente equivalente de ecuatorianos.

El papel de Armstrong

El profesor Neil Armstrong fue invitado como figura de honor de la expedición, en parte porque sus raíces familiares estaban en Dollar, el pueblo de Hall. Los 1.000 pies de cuerda de ascenso que usaron los espeleólogos los había donado él. J. C. Whalley, uno de ellos, lo describe como un hombre callado, capaz, observador y dueño de sí, y cuenta que él y Pete Holden, del ejército, lo acompañaron hasta el sifón. Una noche, con la Luna en lo alto, el grupo le escuchó hablar de su viaje hasta ella en la nave Apolo.

Lo que había de verdad

La entrada era un pozo vertical de unos 150 pies. Debajo se abrían una galería de sección cuadrada y una sala enorme, y la exploración hacia abajo se detuvo en un sifón a unos 600 pies bajo la entrada. Al pie del segundo pozo de luz apareció el hallazgo arqueológico principal: fragmentos de cerámica y conchas marinas que el arqueólogo residente, el padre Porras, estimó en miles de años. Había también una pitón cerca de la entrada, ratas y lechos de plántulas ahiladas nacidas de las semillas que dejaban caer las aves. Lo que vio Armstrong fue, en suma, una cueva enorme y viva; las galerías de una raza extraterrestre siguen solo en el libro.

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