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¿Por qué vuela un cohete?

Respuesta directa

Un cohete vuela porque expulsa gases a gran velocidad por la tobera y recibe a cambio un empuje en sentido contrario, tal como describe la tercera ley de Newton. Cuando ese empuje supera el peso del vehículo, el cohete acelera hacia arriba; a medida que consume propelente pierde masa y gana velocidad hasta alcanzar la órbita.

¿Por qué vuela un cohete?
Motor cohete Agena (1959)Steve Jurvetson (CC BY), vía commons

Acción y reacción

Dentro de la cámara de combustión, el combustible y el oxidante reaccionan y generan gas a alta presión y temperatura. Ese gas escapa por una tobera con forma de campana, que lo acelera hasta velocidades de 2.500 a 4.500 m/s según el propelente. Expulsar masa hacia abajo produce una fuerza igual hacia arriba sobre el vehículo: es el empuje. Cuanto mayor es el caudal de gas y su velocidad de salida, mayor el empuje, sin que el aire circundante intervenga en absoluto.

Vencer el peso

Para despegar, el empuje debe superar el peso total del cohete, cargado sobre todo de propelente: en un lanzador típico más del 85 % de la masa en la rampa es combustible y oxidante. Al principio la aceleración es modesta, apenas superior a la gravedad, y por eso los cohetes se elevan con lentitud en los primeros segundos. Pero cada segundo el vehículo quema toneladas de propelente y se aligera, de modo que el mismo empuje produce una aceleración cada vez mayor. Al final de una etapa la carga puede llegar a cuatro o cinco veces la gravedad.

Etapas y velocidad

Alcanzar la órbita exige unos 7,8 km/s, y ningún cohete de una sola etapa lo consigue con margen útil, porque los tanques y motores vacíos son lastre. La solución clásica es dividir el vehículo en etapas: cuando la primera agota su propelente, se desprende y la siguiente enciende sus motores partiendo ya de una velocidad alta y una masa mucho menor. La ecuación de Tsiolkovsky, formulada en 1903, resume esta lógica: la velocidad final depende de la velocidad de escape de los gases y de la relación entre la masa inicial y la final. Volar, para un cohete, es gestionar esa relación con precisión.

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