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¿Por qué un astronauta?

Respuesta directa

La pregunta está incompleta, así que van las tres versiones habituales. Los astronautas flotan porque caen libremente alrededor de la Tierra, no porque la gravedad haya desaparecido. Llevan trajes presurizados porque el vacío vaciaría de oxígeno sus pulmones y haría hervir el agua de sus tejidos en segundos. Y los enviamos porque las personas todavía improvisan mejor que los robots.

¿Por qué un astronauta?
La astronauta Suni Williams durante un paseo espacial fuera de la Estación Espacial Internacional (iss072e487421)

Por qué flotan

Porque están cayendo. Una nave en órbita y todos los que están dentro son atraídos por la gravedad terrestre con prácticamente la misma intensidad y aceleran juntos, así que nada presiona contra nada. No hay ningún suelo que empuje hacia atrás, y el peso, que es lo que realmente percibimos, desaparece. La gravedad no se ha ido a ninguna parte: a la altura de la Estación Espacial Internacional es solo ligeramente más débil que a nivel del mar. Los astronautas flotan por la misma razón que lo harían los ocupantes de un ascensor en caída, solo que la velocidad lateral de la nave hace que la caída nunca termine.

Por qué llevan el traje

Fuera del casco no hay nada que respirar y casi ninguna presión. Sin protección, el gas de los pulmones saldría disparado en pocos segundos, los gases disueltos saldrían de la sangre y el agua de los tejidos expuestos se evaporaría; la pérdida de consciencia llegaría antes de que nada de eso terminara. Un traje espacial es, por tanto, un vehículo más que una prenda: un recipiente presurizado y sellado con su propio suministro de oxígeno, eliminación de dióxido de carbono, refrigeración por agua, radio y protección frente a micrometeoritos, y aun así debe permitir que las manos trabajen durante horas. Ese último requisito, no el vacío, es lo que hace tan difícil construir los trajes.

Por qué enviar personas, para empezar

Esta es la parte que vale la pena discutir, ya que los robots son más baratos, más ligeros y no necesitan volver a casa. El argumento a favor de las tripulaciones no es la fuerza ni la resistencia, sino el criterio: un geólogo en una ladera decide en segundos lo que a un róver le llevaría días de órdenes enviadas desde tierra, y las muestras del Apolo que redefinieron nuestra idea sobre el origen de la Luna fueron elegidas por personas que entendían lo que estaban viendo. La reparación es la otra mitad, como demostró el Hubble cuando fue rescatado y reconstruido a mano. En contra están el coste y el riesgo, razón por la cual los programas sensatos envían a ambos.

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