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¿Por qué los aviones no vuelan en línea recta?

Respuesta directa

Sí vuelan en línea recta, pero sobre una esfera: la ruta más corta entre dos puntos es un arco de círculo máximo, que en un mapa plano aparece curvado hacia los polos. A esa geometría se suman las aerovías fijas, los vientos en altura, el espacio aéreo restringido y las reglas de distancia a aeropuertos alternativos, que alejan aún más la trayectoria real de la línea del mapa.

¿Por qué los aviones no vuelan en línea recta?
Boeing 747-400 VH-OJU de Qantas sobre Starbeyevo, KustovSergey Kustov (CC BY-SA 3.0), via Wikimedia Commons

Una recta sobre una esfera no parece una recta

La mayoría de los mapas que consultamos aplanan la Tierra con proyecciones como la de Mercator, que exageran las latitudes altas. En esa representación, la distancia más corta entre Madrid y Nueva York parece una línea horizontal, pero sobre el globo real el camino mínimo es un arco de círculo máximo, el que resulta de cortar la esfera por un plano que pasa por su centro. Ese arco se desvía hacia el norte en el hemisferio norte, de modo que un vuelo transatlántico sobrevuela Terranova y roza Groenlandia. Sobre un mapa plano ese trazado se percibe como una curva, aunque para el avión sea la trayectoria más directa posible. El ahorro no es menor: en rutas largas la diferencia entre el círculo máximo y la línea recta del mapa supera con facilidad varios cientos de kilómetros.

Aerovías, no campo abierto

Aun con esa corrección geométrica, casi ningún vuelo comercial sigue exactamente el círculo máximo. El espacio aéreo está organizado en aerovías, corredores definidos por radioayudas y puntos de notificación con nombres de cinco letras, y en procedimientos de salida y llegada que canalizan el tráfico hacia los aeropuertos. El plan de vuelo encadena esos segmentos, y el control de tránsito aéreo puede añadir esperas, vectores radar o cambios de nivel para mantener las separaciones. En los océanos, donde no hay cobertura radar continua, se publican a diario rutas organizadas que agrupan el tráfico en pistas paralelas; la del Atlántico Norte cambia cada día según la posición de la corriente en chorro.

El viento manda en la economía del vuelo

Un reactor de línea cruza a unos 900 km/h (485 kn) respecto al aire, pero lo que cuenta es la velocidad respecto al suelo. La corriente en chorro, una banda de viento a 9-12 km de altitud que puede superar los 250 km/h, convierte en rentable desviarse decenas o cientos de kilómetros para aprovecharla hacia el este o esquivarla hacia el oeste. Los despachadores calculan cada día la ruta de menor coste combinando tiempo, combustible y tasas de sobrevuelo, y esa ruta rara vez coincide con la geodésica. Las zonas de turbulencia prevista, las tormentas convectivas y las cenizas volcánicas también se rodean, a veces con desvíos planificados horas antes del despegue.

Fronteras, prohibiciones y aeropuertos de reserva

El espacio aéreo no es homogéneo. Existen zonas militares, áreas prohibidas y países cuyo sobrevuelo está cerrado por conflictos o por decisiones diplomáticas, lo que obliga a rodeos que alargan trayectos entre Europa y Asia. Los bimotores, que hoy son la inmensa mayoría de los aviones de largo radio, deben mantenerse además dentro de un tiempo máximo de vuelo hasta un aeropuerto de desvío con un motor inoperativo, las llamadas reglas ETOPS. En zonas remotas del Pacífico o el Ártico esa exigencia desplaza la ruta hacia islas o costas con pistas adecuadas. El resultado de todas estas capas, geometría, tráfico, viento y regulación, es una trayectoria que en el mapa parece caprichosa pero que responde a la lógica de la seguridad y del coste por milla recorrida.

¿Por qué los aviones no vuelan en línea recta?
El sol detrás de la Heel StoneAndrew Dunn (CC BY SA), vía commons

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