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¿Que pasa si tocas las alas de una mariposa?

Respuesta directa

Si tocas las alas de una mariposa, se desprenden parte de las escamas microscópicas que las cubren, el «polvillo» que queda en los dedos. No es mortal ni le impide volar: las escamas no se regeneran, pero la membrana del ala sigue intacta. Sí puede dañarla si la sujetas con fuerza o rasgas el ala, y pierde color y protección.

¿Que pasa si tocas las alas de una mariposa?
Escamas del ala de Kallima horsfieldii (hoja azul) por el Dr. Raju Kasambe (3)Dr. Raju Kasambe (CC BY SA), vía commons

Qué son esas escamas

Las alas de las mariposas están formadas por una membrana transparente muy fina, sostenida por venas, y cubierta por decenas de miles de escamas diminutas que se solapan como las tejas de un tejado. Cada escama mide alrededor de una décima de milímetro y está unida a la membrana por un pedúnculo frágil; el color de la mariposa viene de los pigmentos de esas escamas y, en las especies iridiscentes, de la estructura microscópica que descompone la luz. El nombre científico del orden, Lepidoptera, significa literalmente «alas con escamas».

Al tocar el ala, la presión y el roce desprenden escamas, que se quedan en la piel como un polvo fino y coloreado. Es una pérdida irreversible, porque el insecto adulto no las regenera, pero no es una herida: la membrana permanece intacta y el ala sigue siendo capaz de volar.

Puede volar sin ellas

Las mariposas pierden escamas de forma natural desde el primer día: por el roce con la vegetación, por la lluvia, por los intentos de captura de aves y lagartos. Un ejemplar viejo se reconoce precisamente por las alas raídas y descoloridas. Estudios con ejemplares a los que se retiraron las escamas muestran que siguen volando, aunque con menos eficiencia: las escamas contribuyen a la sustentación al modificar el flujo de aire sobre el ala y mejoran el despegue, además de ayudar a regular la temperatura y a repeler el agua. Funcionan también como defensa: al desprenderse con facilidad, permiten escapar de una telaraña o del pico de un pájaro dejando atrás solo el polvillo.

Lo que sí las daña

El riesgo real no está en el roce ligero, sino en la sujeción. Apretar el ala entre los dedos puede rasgar la membrana o romper una vena, y esa lesión sí es definitiva: una mariposa con el ala rota vuela mal o no vuela. También es peligroso sujetarla por el cuerpo con fuerza, porque el abdomen es blando. Si es necesario manipular una, por ejemplo para liberarla de una casa, lo más seguro es dejar que suba a un dedo o a una hoja de papel, o sujetar las cuatro alas juntas y cerradas por la base, como hacen los entomólogos, y soltarla enseguida. El mito de que «si la tocas se muere» es falso, pero recoge una verdad: cada escama perdida ya no vuelve.

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