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¿Por qué el avión puede vencer la fuerza de la gravedad?

Respuesta directa

El avión no vence la gravedad: la compensa. La gravedad sigue actuando íntegra sobre él, pero el ala genera una fuerza aerodinámica hacia arriba de igual magnitud, de modo que la resultante es nula y la trayectoria se mantiene. Esa fuerza procede del aire desviado, y el empuje del motor solo sirve para conservar la velocidad necesaria.

¿Por qué el avión puede vencer la fuerza de la gravedad?
Qatar Airways Boeing 787-8 Dreamliner A7 BCO MUC 2015 02Julian Herzog (Website) (CC BY), vía commons

Compensar no es vencer

La formulación popular sugiere una batalla entre dos fuerzas, y conviene corregirla. La gravedad actúa sobre un Boeing 787 en crucero exactamente igual que sobre el mismo avión aparcado: su peso no disminuye un gramo por estar a 11 000 metros. Lo que ocurre es que aparece otra fuerza, de origen completamente distinto, que la equilibra. Cuando dos fuerzas opuestas se igualan, la resultante es cero y el cuerpo mantiene su estado de movimiento: eso es la primera ley de Newton, y es todo lo que hay detrás del vuelo nivelado.

El mismo principio explica por qué una mesa «vence» la gravedad sosteniendo un vaso, o por qué un barco no se hunde. Lo peculiar del avión es la fuente de la fuerza compensatoria: no un apoyo sólido ni un empuje hidrostático, sino la interacción dinámica entre una superficie y un fluido en movimiento relativo.

De dónde sale la fuerza

El ala, al avanzar, desvía hacia abajo una masa considerable de aire. Por la tercera ley de Newton, el aire reacciona empujando el ala hacia arriba con la misma intensidad. Visto en términos de presión, el flujo curvado sobre el extradós acelera y su presión cae, mientras que bajo el intradós la presión es algo mayor; la integral de esa diferencia sobre toda la superficie alar es la sustentación. Son dos descripciones del mismo fenómeno, no dos causas distintas.

La magnitud crece con el cuadrado de la velocidad, con la superficie del ala, con la densidad del aire y con el ángulo de ataque. De ahí que la única condición real para sostenerse sea mantener un flujo de aire suficiente sobre el ala. Los motores no levantan el avión —en un avión de transporte su empuje es del orden del 25 al 30 % del peso, muy por debajo de lo necesario para sostenerlo verticalmente—: solo compensan la resistencia aerodinámica para conservar la velocidad.

El coste energético y sus consecuencias

Sostenerse en el aire tiene un precio. Crear sustentación genera resistencia inducida, la energía que se va en los torbellinos de punta de ala, y avanzar genera resistencia parásita. El combustible se consume íntegramente en vencer esa resistencia, no la gravedad. La eficiencia de un diseño se mide por su relación sustentación/resistencia: alrededor de 17 en un reactor comercial moderno, más de 50 en un planeador de competición y en torno a 4 en un caza supersónico.

Ahí se ve claramente la diferencia entre compensar y vencer. Un planeador no lleva motor y se mantiene horas en el aire; lo que hace es descender muy lentamente respecto al aire que lo rodea y buscar masas de aire ascendentes que suben más deprisa de lo que él cae. Un helicóptero logra lo mismo con un ala que gira en lugar de avanzar. Y un cohete sí que se enfrenta a la gravedad de forma directa, porque fuera de la atmósfera no hay aire que desviar: debe generar empuje superior a su peso, y lo paga con un consumo de propergol incomparablemente mayor. Esa comparación resume la ventaja del avión: aprovechar un fluido externo le permite sostener toneladas con una fracción de la energía que necesitaría un empuje puramente vertical.

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