Variante del Lockheed Martin F-22 Raptor

Lockheed Martin F-22 Raptor F-22A Block 40 (propuesto)

Configuración final «Global Strike Full» prevista para el F-22 a partir del año fiscal 2013: 128 aviones con integración completa de ISR y SEAD, que quedó sin construir tras el recorte a 187 aparatos decidido en 2009 y el cierre de la línea de Marietta en diciembre de 2011.

Ficha del Lockheed Martin F-22 Raptor

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Historia

El «Block 40» fue la última de las configuraciones planificadas del programa de modernización del F-22 y la única que nunca llegó a materializarse como lote de producción. Su origen está en el concepto Global Strike que la USAF adoptó a comienzos de la década de 2000, cuando el caza —entonces rebautizado F/A-22— dejó de concebirse como un aparato de superioridad aérea pura para asumir misiones de ataque, supresión de defensas aéreas e inteligencia. Los informes de la GAO de 2005 recogen el mapa de modernización por fases que la Fuerza Aérea estableció para llevar esa idea a la flota: una secuencia de bloques con capacidades crecientes, de los que el Block 40 era el eslabón final.

Según esa hoja de ruta, el desarrollo de las mejoras había arrancado en 2003 y debía prolongarse durante doce años, con la primera tanda de capacidades insertada en la cadena de montaje en el año fiscal 2007. Al término del desarrollo, en 2015, la USAF pretendía disponer de tres configuraciones distintas: el Block 20 o «Global Strike Basic» (56 aviones, orientados al combate aire-aire con capacidad limitada aire-tierra y mejoras en el lanzamiento del JDAM), el Block 30 o «Global Strike Enhanced» (91 aviones, con radar mejorado para localizar y destruir defensas antiaéreas avanzadas y dos incrementos previstos en los años fiscales 2009 y 2011) y el Block 40, cuya primera fase, «Global Strike Full», se esperaba a partir del año fiscal 2013 y cuya segunda fase, «Enhanced Intelligence, Surveillance and Reconnaissance», estaba prevista para 2015. Las tablas de la GAO asignaban 128 aviones a esta configuración: el Block 40 debía ampliar la capacidad para suprimir o destruir la gama completa de defensas aéreas, mejorar la velocidad y precisión del ataque contra objetivos de superficie, integrar armamento aire-tierra adicional y añadir una integración completa de las funciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. La edición alemana de Wikipedia lo describe como la configuración Global Strike definitiva, basada en el bloque de software 3.3, con la integración plena de las funciones ISR y aumentos de alcance; en ese mismo marco se canceló el visor integrado en el casco del programa JHMCS, sustituido por el estudio del casco desarrollado para el F-35.

La GAO también dejó constancia de la gestión y del coste. En marzo de 2003, el grupo de análisis de costes de la Oficina del Secretario de Defensa (CAIG) estimó que la modernización planificada requeriría 11.700 millones de dólares hasta el año fiscal 2018; la estimación posterior de la USAF contemplaba unos 4.100 millones hasta el año fiscal 2011 para los dos primeros incrementos (bloques 20 y 30) y unos 1.300 millones, en ese mismo horizonte, para los dos incrementos correspondientes al Block 40. Mientras los bloques 20 y 30 seguían dentro del programa de adquisición del F/A-22, en noviembre de 2004 la Oficina del Secretario de Defensa ordenó que los trabajos del Block 40 se gestionaran como un programa de modernización separado. La propia GAO advertía de que las cantidades de cada configuración reflejaban los planes anteriores a la decisión presupuestaria de diciembre de 2004, que redujo el programa en 96 aviones, y de que en el momento de su revisión los responsables aún estaban determinando el impacto de ese recorte sobre el contenido y las cantidades de la modernización.

Ese recorte fue solo el primero de los que dejaron al Block 40 sin aviones. La USAF había previsto originalmente 750 F-22, cifra que bajó a 648 en 1991 y a 438 con la Bottom-Up Review de 1993; bajo Rumsfeld la adquisición se redujo drásticamente a 183 aparatos, mientras la Fuerza Aérea defendía una necesidad de 381. En noviembre de 2008 el secretario de Defensa Robert Gates declaró que el F-22 carecía de relevancia en los conflictos asimétricos posteriores a la Guerra Fría y en abril de 2009, ya con la Administración Obama, pidió que la producción terminara en el año fiscal 2011 tras completar 187 aviones; la Wikipedia en francés fecha esa recomendación el 6 de abril de 2009. Los sucesores de Wynne y Moseley al frente de la USAF, Michael Donley y el general Norton Schwartz, intentaron elevar la cifra a 243, pero cedieron para convencer a Gates de preservar el programa del bombardero de largo alcance. Tras la amenaza de veto del presidente Obama, el Senado y la Cámara aceptaron en julio de 2009 el techo de 187 unidades. En un estudio encargado ese mismo año por la Fuerza Aérea antes de la decisión de terminación, la RAND Corporation analizó cuatro escenarios industriales para producir 75 F-22 adicionales y concluyó que cerrar la línea, mantenerla parada y reabrirla costaría 513 millones de dólares, 434 millones más que la terminación definitiva.

El último F-22, el número 195 contando los 8 aviones de prueba y los 187 de serie, salió de la línea de Lockheed Martin en Marietta (Georgia) el 13 de diciembre de 2011 y se entregó a la USAF el 3 de mayo de 2012. Lockheed Martin almacenó entonces más de 30.000 plantillas, útiles y otros elementos de utillaje y documentó en vídeo cada paso del montaje para dejar abierta la opción de reanudar la producción a un coste relativamente bajo; el programa, que había empleado a unas 5.600 personas en su máximo de 2005, quedó reducido a 1.650 trabajadores, de los que 600 en Marietta se dedicarían al soporte técnico y a la modernización de la flota existente. Sin lote nuevo, las capacidades que se habían asociado al Block 40 solo podían llegar, en su caso, como modernización retroactiva de los aviones ya construidos.

La cuestión de reabrir la línea volvió al Congreso años después. En abril de 2016, citando la amenaza creciente de Rusia y China, se ordenó a la USAF estudiar el coste y la viabilidad de reanudar la producción. El informe, presentado el 9 de junio de 2017, concluyó que no había planes de reabrir la línea por resultar económica y logísticamente prohibitivo: adquirir 194 F-22 adicionales costaría unos 50.000 millones de dólares, entre 206 y 216 millones por avión, incluidos unos 9.900 millones de costes no recurrentes de arranque y 40.400 millones de adquisición, con una primera entrega a mediados o finales de la década de 2020. El largo intervalo desde el fin de la producción obligaría a contratar nuevos trabajadores, buscar proveedores sustitutos y disponer de nueva planta, y la Fuerza Aérea consideró que ese dinero estaría mejor invertido en su esfuerzo de superioridad aérea para 2030, que evolucionó hacia el NGAD. Con ello se cerró definitivamente la posibilidad de un lote Block 40 de nueva construcción; su nombre pervive como la configuración que el programa proyectó y nunca alcanzó.