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¿Por qué el P-38 Lightning era tan buena plataforma de tiro?

Respuesta directa

Porque concentraba todo el armamento en el morro: cuatro ametralladoras Browning M2 y un cañón Hispano de 20 mm disparaban casi en paralelo, sin depender de un punto de convergencia como las armas alares. Así un Lightning podía acertar de forma fiable a cualquier distancia hasta 1.000 yardas (900 m).

¿Por qué el P-38 Lightning era tan buena plataforma de tiro?
Lockheed P-38 Lightning (USAAC)William Pretrina (CC BY SA), vía commons

Armas en el morro, no en las alas

La mayoría de los cazas estadounidenses de la época llevaban las armas en las alas, con trayectorias reglajadas para cruzarse en una o varias zonas de convergencia; fuera de esa distancia, el haz de proyectiles perdía eficacia. El P-38 rompió con esa costumbre y agrupó todo el armamento en el morro de su góndola central. La configuración de combate del P-38E, fijada tras ensayos entre marzo y junio de 1941, reunía cuatro ametralladoras Browning M2 y un cañón Hispano de 20 mm con 150 proyectiles. Ya en la fase de diseño, el morro se veía como una excelente plataforma de tiro en la que concentrar una gran potencia de fuego.

Alcance útil sin convergencia

Las armas del morro no sufrían tanto la limitación del alcance por convergencia, así que un buen piloto podía disparar mucho más lejos. El cañón, de munición más pesada y trayectoria distinta, iba algo más inclinado hacia arriba para que sus proyectiles y las balas del calibre .50 coincidieran entre 350 y 400 yardas. El resultado: un Lightning podía acertar de forma fiable a blancos situados a cualquier distancia hasta 1.000 yardas (900 m), mientras que las armas alares de otros cazas estaban optimizadas para una distancia concreta. La cadencia combinada superaba los 4.000 disparos por minuto, y aproximadamente uno de cada seis proyectiles era un obús de 20 mm.

Lo que hicieron los ases

Esa precisión acompaña el historial del avión en el Pacífico, donde el P-38 derribó más de 1.800 aviones japoneses y más de cien de sus pilotos se convirtieron en ases. Dick Bong, el as estadounidense con más victorias de la Segunda Guerra Mundial, logró sus 40 derribos en P-38 lanzándose directamente contra sus blancos para asegurarse el impacto.

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