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¿Que pasa si no hay gravedad en el espacio?

Respuesta directa

La premisa falla: en el espacio sí hay gravedad. A 400 km de altitud, donde vuela la Estación Espacial Internacional, la atracción terrestre conserva cerca del 90 % de su valor en superficie; lo que se siente es caída libre permanente. Sin peso aparente, huesos y músculos se debilitan y los líquidos suben al torso.

¿Que pasa si no hay gravedad en el espacio?
La astronauta Nichole Ayers posa para un retrato dentro de la cúpula de siete ventanas (iss072e978930)

Caída libre, no ausencia de gravedad

La gravedad no se acaba al salir de la atmósfera: se debilita con la distancia, y muy despacio. A los 400 km de altitud de la Estación Espacial Internacional, la atracción terrestre conserva cerca del 90 % de su valor en la superficie, y ni siquiera a la distancia de la Luna desaparece: es esa misma gravedad la que mantiene a nuestro satélite en órbita. Lo que falta arriba no es gravedad, sino suelo. La estación y todo lo que contiene caen continuamente hacia la Tierra mientras avanzan de lado lo bastante deprisa como para no llegar nunca; dentro, esa caída compartida se percibe como ingravidez, igual que en un ascensor cuyo cable se rompiera.

El cuerpo se desprograma

El organismo interpreta la ausencia de peso como una orden de ahorro. El hueso que ya no soporta carga se descalcifica, los músculos antigravitatorios de piernas y espalda pierden volumen, el corazón bombea contra menos resistencia y los líquidos suben al torso y a la cara: de ahí el aspecto hinchado y la congestión nasal de las primeras semanas. La presión sobre el globo ocular altera además la visión de muchos tripulantes, un síndrome que la NASA vigila de cerca. Por eso el ejercicio diario con máquinas de resistencia es obligatorio y ocupa alrededor de dos horas de la jornada.

Volver a pesar

El regreso es la parte dura. Tras meses en órbita, un astronauta necesita ayuda para caminar, se marea al ponerse de pie porque su sistema circulatorio ha olvidado empujar la sangre hacia arriba, y dedica semanas o meses a recuperar hueso y equilibrio. Esa rehabilitación explica por qué la microgravedad prolongada preocupa tanto en los planes de viaje a Marte: al llegar, nadie los sacará en camilla.

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