Sabías…

¿Que comen los astronautas?

Respuesta directa

Comida real, no pastillas. En la Estación Espacial Internacional el menú incluye platos deshidratados a los que se añade agua, alimentos termoestabilizados en bolsa, frutos secos, tortillas de trigo en lugar de pan y fruta fresca cuando llega un carguero. Se planifican unas 2.500 kilocalorías diarias y el menú base rota cada pocos días.

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Un menú de bolsas y tortillas

La idea de las píldoras alimenticias nunca pasó de la ciencia ficción. A bordo se come comida reconocible, preparada en la Tierra y acondicionada para durar sin frigorífico y para no crear problemas en ausencia de peso. Hay tres grandes familias: los platos deshidratados, que se rehidratan inyectando agua caliente en la bolsa; los termoestabilizados, esterilizados por calor como una conserva y listos para calentar; y los alimentos naturales, desde frutos secos hasta barritas.

El pan quedó descartado pronto porque las migas flotan y pueden acabar en los ojos o en los filtros de aire, así que las tortillas de trigo lo sustituyen como base de casi cualquier bocado. La sal y la pimienta viajan disueltas en líquido por la misma razón. Las bebidas llegan en polvo, dentro de bolsas con boquilla a las que se añade agua del sistema de reciclaje.

Calorías, sabor y microgravedad

La ración se calcula en torno a las 2.500 kilocalorías diarias, ajustadas a la talla y la actividad de cada persona, y se vigila el aporte de calcio y vitamina D porque el hueso se descalcifica sin peso. El sodio se limita por el mismo motivo. Los menús estándar rotan para evitar la fatiga sensorial, y cada tripulante dispone además de una cuota de alimentos personales elegidos antes del vuelo.

El desplazamiento de fluidos hacia la cabeza embota el olfato durante los primeros días, con lo que los sabores se perciben apagados. De ahí la popularidad de las salsas picantes y los condimentos fuertes, uno de los artículos más solicitados en cada reabastecimiento.

Lo fresco y lo cultivado

Cada nave de carga lleva fruta y verdura fresca, que se consume en los primeros días porque no hay refrigeración para alimentos. Desde hace años la estación cultiva también pequeñas cosechas propias en invernaderos experimentales: lechugas, col china, rábanos y hasta pimientos, que sirven tanto de ensayo agronómico para misiones largas como de complemento apreciado en la mesa.

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