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¿Como es la gravedad en el espacio?

Respuesta directa

Sigue existiendo, y es fuerte. A los 400 km de altura de la Estación Espacial Internacional la gravedad terrestre conserva cerca del 90 % de su valor en superficie. Lo que los astronautas experimentan es microgravedad: caen con la estación a la misma velocidad y por eso no notan peso. Las aceleraciones residuales a bordo son millonésimas de g.

¿Como es la gravedad en el espacio?
ISS-50: Shane Kimbrough con la cinta de correr en el módulo Tranquility

Microgravedad, no ausencia de gravedad

La palabra que se usa a bordo es microgravedad, y está bien elegida. En órbita baja la Tierra sigue tirando con casi toda su fuerza: a 400 kilómetros de altura, la altitud de la Estación Espacial Internacional, la aceleración gravitatoria es aproximadamente el 90 % de la del suelo. Nadie ha escapado de la gravedad; la estación entera está cayendo, y sus ocupantes caen con ella. Como el suelo cae al mismo ritmo, no empuja los pies, y sin esa fuerza de contacto desaparece la sensación de peso.

Lo que queda no es exactamente cero. Sobre la estación actúan perturbaciones diminutas: el rozamiento del aire residual, la diferencia de atracción entre un extremo y otro del módulo, los movimientos de la tripulación, los ventiladores. La suma produce aceleraciones del orden de millonésimas de la gravedad terrestre, y de ahí el prefijo «micro». Los experimentos más delicados se montan sobre soportes aislantes para reducir incluso ese residuo.

Fuera de la órbita terrestre

En el espacio profundo la situación cambia de naturaleza. La gravedad no se anula, pero se reparte entre cuerpos lejanos y su efecto neto es minúsculo; una nave en crucero hacia Marte está sometida sobre todo a la atracción solar, que curva su trayectoria sin que nadie a bordo lo note, porque de nuevo todo cae junto. Cerca de un planeta o una luna reaparece el peso: 1,62 metros por segundo al cuadrado en la Luna, algo más de un tercio de g en Marte.

Lo que le hace al cuerpo

Sin peso, el esqueleto y los músculos dejan de trabajar y se degradan. Los fluidos se desplazan hacia la cabeza, lo que hincha el rostro y presiona el nervio óptico, con alteraciones visuales documentadas en estancias largas. El sistema vestibular se desorienta durante los primeros días. El contrapeso diario es el ejercicio: unas dos horas con cinta, bicicleta y un dispositivo de resistencia que sustituye a las pesas, inútiles allí arriba.

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