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¿Por qué no existe la gravedad en el espacio?

Respuesta directa

La premisa es falsa: la gravedad existe en todo el espacio y es justo lo que mantiene a la Luna girando en torno a la Tierra. A 400 km de altitud, donde vuela la Estación Espacial Internacional, la atracción terrestre conserva cerca del 90 % de su valor en la superficie. Los astronautas flotan porque caen, no porque pesen cero.

¿Por qué no existe la gravedad en el espacio?
ISS-36: puesta de sol sobre las islas Aleutianas con nubes noctilucentes

Una fuerza que no se apaga nunca

La gravedad no tiene límite de alcance: se debilita con el cuadrado de la distancia, pero jamás llega a cero. La Luna gira alrededor de la Tierra, a 384.400 km de media, precisamente porque la atracción terrestre sigue llegando hasta allí. Si el espacio careciera de gravedad, ningún satélite podría orbitar y todos escaparían en línea recta hacia el vacío.

El Sol hace lo mismo a mayor escala: sujeta a la Tierra desde unos 150 millones de kilómetros y gobierna las órbitas de planetas y cometas mucho más allá de Neptuno. En el espacio profundo la gravedad puede ser millones de veces más débil que aquí, pero sigue siendo la fuerza que ordena el universo a gran escala; sin ella no habría estrellas, ni galaxias, ni órbitas que recorrer.

El 90 % que nadie nota

A los 400 km de altitud donde vuela la Estación Espacial Internacional, la atracción terrestre conserva cerca del 90 % de su valor en la superficie. Para reducirla a la mitad habría que subir por encima de los 2.600 km. Lo que falta en órbita no es la gravedad, sino un suelo que empuje hacia arriba: sin esa fuerza de contacto la balanza marca cero aunque el cuerpo siga siendo atraído con casi toda su intensidad.

Caer sin llegar nunca al suelo

Una nave en órbita cae sin parar hacia la Tierra, pero su velocidad horizontal —unos 28.000 km/h— hace que el planeta se curve bajo ella al mismo ritmo al que desciende. Tripulación, estructura y aire caen juntos con idéntica aceleración, así que nada presiona contra nada. Por eso los ingenieros hablan de microgravedad y no de ingravidez: quedan aceleraciones residuales del orden de una millonésima de g, y la atmósfera que aún hay a esa altura frena el complejo lo suficiente para obligar a reimpulsarlo varias veces al año.

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