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¿Por qué los astronautas flotan en el espacio?

Respuesta directa

No flotan porque no haya gravedad: a 400 km de altitud la Tierra todavía tira de ellos con casi el 90 % de la fuerza que sentimos en el suelo. Flotan porque caen. La estación recorre su órbita a unos 28.000 km/h, y esa caída perpetua alrededor del planeta anula la sensación de peso.

¿Por qué los astronautas flotan en el espacio?
La astronauta Nichole Ayers posa para un retrato dentro del módulo de laboratorio Kibo (iss072e978952)

Caída libre, no ausencia de gravedad

La gravedad no se apaga al cruzar la atmósfera: disminuye con el cuadrado de la distancia al centro de la Tierra. A los 400 km donde vuela la Estación Espacial Internacional, la aceleración de la gravedad ronda los 8,7 m/s² frente a los 9,8 m/s² de la superficie, es decir, casi el 90 %. Si fuera nula, la estación saldría disparada en línea recta y nunca daría vueltas al planeta.

Lo que ocurre es que la estación y todo lo que hay dentro caen constantemente hacia la Tierra, pero con tanta velocidad horizontal —unos 28.000 km/h, algo más de 7,6 km/s— que el suelo se curva bajo ellos al mismo ritmo al que descienden. El resultado es una caída que nunca termina: una órbita.

Por qué eso se siente como no pesar

El peso que notamos en tierra no es la gravedad en sí, sino la reacción del suelo que nos impide caer. En órbita nada empuja hacia arriba: la estructura, el aire y el cuerpo del astronauta caen juntos con la misma aceleración, así que no hay fuerza de contacto y nada presiona la balanza. La misma sensación aparece durante unos segundos en un avión que describe una parábola de caída libre, el recurso con el que se entrenan tripulaciones y se ensayan experimentos.

Microgravedad, el nombre exacto

Los ingenieros prefieren hablar de microgravedad porque la ingravidez nunca es perfecta. El rozamiento con las últimas trazas de atmósfera, los movimientos de la tripulación, las vibraciones de las bombas y la diferencia de atracción entre un extremo y otro del complejo dejan aceleraciones residuales del orden de una millonésima de la gravedad terrestre. Son suficientes para arruinar experimentos delicados de cristalización o combustión, de ahí que algunos racks vayan montados sobre aisladores. Y esa atmósfera residual frena la estación lo bastante como para exigir reimpulsos periódicos con los motores de las naves de carga.

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