Variante del Fokker F.VII
Fokker F.VII
El Fokker F.VII original fue el monomotor de transporte con el que nació toda la familia F.VII: un monoplano de ala alta diseñado por Walter Rethel como evolución del Fokker F.V, que voló por primera vez el 11 de abril de 1924. Solo se construyeron cinco, todos para KLM, con motores en línea Rolls-Royce Eagle o Napier Lion. Uno de ellos, el H-NACC, realizó en 1924 el primer vuelo de los Países Bajos a las Indias Orientales Neerlandesas.
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- 11 de abril de 1924
- Primer vuelo
- 5
- Unidades construidas
- 8
- Pasajeros
Historia
Un monomotor para KLM
El F.VII fue el primer miembro de una familia que acabaría haciéndose famosa como «Fokker Trimotor», pero los primeros aviones con ese nombre no tenían tres motores, sino uno solo en el morro. El proyecto salió de la oficina técnica de Fokker bajo la dirección de Walter Rethel y era, según la Wikipedia neerlandesa y la polaca, un desarrollo del monomotor Fokker F.V. La respuesta buscada era un avión de pasajeros moderno y de buen alcance para las líneas de la época.
Se trataba de un monoplano de ala alta y construcción mixta, la fórmula que Fokker aplicaba a sus aviones de transporte. El primer ejemplar voló el 11 de abril de 1924.
Motores y cabina
Los cinco F.VII construidos recibieron motores en línea de doce cilindros: un Rolls-Royce Eagle de 360 hp (unos 270 kW) o un Napier Lion de 450 hp (unos 340 kW). Más tarde uno de ellos se remotorizó con un radial Bristol Jupiter de nueve cilindros y 400 hp (unos 300 kW), y otros dos con Jupiter VI de 480 hp (unos 360 kW) fabricados por Gnome-Rhône. La cabina llevaba dos tripulantes; para los pasajeros, las fuentes discrepan: la Wikipedia inglesa y la española hablan de seis plazas y la polaca de ocho.
Una serie corta
La producción se quedó en cinco aviones, construidos entre 1924 y 1925, y todos fueron a KLM. La razón fue que Fokker preparó enseguida un modelo muy mejorado y algo mayor, el F.VIIa, que voló el 12 de marzo de 1925 y relevó al F.VII original en la cadena de montaje. De ese F.VIIa, convertido a tres motores, saldría el trimotor que dominaría el transporte aéreo de finales de los años veinte.
La idea de volar a las Indias
A mediados de los años veinte las líneas comerciales rara vez pasaban de 300 o 400 kilómetros y evitaban los tramos largos sobre el mar, mientras que el viaje en barco de Europa al archipiélago indonesio duraba varias semanas. En los Países Bajos surgió la idea de unir por aire la metrópoli con su mayor colonia, las Indias Orientales Neerlandesas. En 1923 se fundó el Comité Vliegtocht Nederland-Indië, al que se sumaron KLM, fundada en 1919, y la fábrica Fokker. Para los neerlandeses era importante hacer el vuelo con un avión construido en el país, y Fokker aportó uno de sus aparatos más nuevos: un F.VII de KLM matriculado H-NACC.

La tripulación la formaron el piloto de KLM Jan Thomassen à Thuessink van der Hoop, el teniente piloto Van Weerden Poelman, de la aviación militar neerlandesa (Luchtvaartafdeeling), y el mecánico de a bordo Van den Broeke.
De Schiphol a Batavia
El H-NACC despegó de Schiphol el 1 de octubre de 1924. Dos días después una avería de motor cortó el viaje: el avión tuvo que aterrizar de emergencia cerca de Philippopel (Plovdiv), en Bulgaria. Los daños del aparato eran leves y se podían reparar, pero el motor no tenía arreglo y había que cambiarlo. La noticia provocó una ola de solidaridad en los Países Bajos: los lectores de la revista ilustrada Het Leven reunieron el dinero para un motor nuevo, que se compró y se envió a Bulgaria a finales de mes.
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El 2 de noviembre de 1924 el H-NACC reanudó la marcha. El 23 de noviembre aterrizó en Muntok y el 24 de noviembre llegó a Batavia, la actual Yakarta, donde la tripulación tuvo un recibimiento entusiasta. En total había recorrido más de 15.000 kilómetros en 55 días, con 127 horas de vuelo.
El final del H-NACC
Tras unos cuantos vuelos locales en las Indias, el H-NACC se desmontó y volvió a los Países Bajos en un vapor de la Koninklijke Rotterdamsche Lloyd. Se perdió el 9 de julio de 1926 en un accidente con niebla densa cerca de Wolvertem, en Bélgica.
Legado
El vuelo demostró que era posible unir por aire los Países Bajos y su colonia más grande, y dio a KLM y a Fokker la base para seguir desarrollando la idea de una línea regular con Asia. Al mismo tiempo, el F.VII monomotor quedó como punto de partida de toda la familia: el F.VIIa monomotor, los trimotores F.VIIa/3m y F.VIIb/3m y las versiones fabricadas bajo licencia en varios países descienden del diseño de Rethel de 1924.
Lo que no dicen las fuentes
El material consultado no indica qué motor llevaba el H-NACC en el vuelo a Batavia ni da las matrículas y el destino de los otros cuatro F.VII de KLM.
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Multimedia

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