Variante del Boeing B-29 Superfortress

Boeing B-29 Superfortress F-13

El F-13 fue la versión de reconocimiento fotográfico del Superfortress: B-29 y B-29A modificados con una batería de cámaras en el compartimento presurizado de cola, con la «F» de «photo» en la designación. Un total de 118 aparatos se convirtieron a este estándar y el primero construido a propósito se entregó en octubre de 1944; el 1 de noviembre de ese año un F-13 fue el primer avión estadounidense que sobrevoló Tokio desde la incursión de Doolittle. Redesignados FB-29J tras la guerra y RB-29 en 1948, estos aviones cartografiaron el Ártico, vigilaron la periferia soviética, dieron origen a los primeros «hurones» electrónicos de la Fuerza Aérea y combatieron sobre Corea hasta que el MiG-15 los hizo vulnerables.

Ficha del Boeing B-29 Superfortress

Boeing B-29 Superfortress F-13
B-29A 42-93967 (ex F-13A) en el Georgia Veterans Memorial State Park
118
Unidades construidas

Historia

Origen y desarrollo

El B-29 llegó al Pacífico como el bombardero más capaz de la guerra, pero sus mismas virtudes —techo, autonomía y compartimentos presurizados para la tripulación— lo convertían en la plataforma ideal para otra misión que las Fuerzas Aéreas del Ejército necesitaban con urgencia: el reconocimiento fotográfico a muy largo alcance sobre el Japón metropolitano, para el que ningún avión aliado en servicio tenía alcance suficiente. De esa necesidad nació el F-13, en el que la «F» no significaba caza sino «photo», según la nomenclatura de reconocimiento de la época. Los primeros B-29 y B-29A se modificaron para la función y el primer F-13 construido a propósito se entregó en octubre de 1944, apenas un año después de que la primera unidad de bombardeo recibiera sus Superfortress. Además de los aparatos convertidos formalmente, otros B-29 se adaptaron sobre el terreno en el Pacífico occidental para volar misiones de reconocimiento.

Diferencias respecto al B-29 de bombardeo

La transformación se concentraba en el compartimento presurizado de popa, donde se instalaban seis cámaras. Las fuentes describen el conjunto por grupos: una cámara vertical para trabajo general; un par de cámaras verticales «partidas», que cubrían una franja de terreno de tres millas de anchura y proporcionaban imágenes estereoscópicas de alta resolución para la interpretación detallada; y un tercer grupo de tres cámaras, una vertical y dos oblicuas, capaces de abarcar una banda de unas 30 millas (48 kilómetros). El equipo de cámaras del F-13/F-13A se componía de tres K-17B, dos K-22 y una K-18. Para ganar altura y alcance, los aviones de reconocimiento solían perder todo el armamento defensivo salvo las ametralladoras de cola; en la época de Corea, sin embargo, se volvieron a instalar torretas ante la amenaza del MiG-15 soviético, y desde entonces solo las versiones meteorológicas WB-29 volaron desarmadas. La tripulación podía llegar a trece personas, de las que cinco o seis eran especialistas de reconocimiento. La motorización era la de la familia, con cuatro radiales Wright R-3350 de 2.200 caballos.

Producción y designaciones

Se modificaron 118 B-29 de Boeing-Wichita y B-29A al estándar F-13/F-13A. Entre el final de la guerra en 1945 y 1948 la designación cambió a FB-29J, y en 1948, con la reforma general de las designaciones de la nueva Fuerza Aérea, los F-13 y FB-29 pasaron a llamarse RB-29 y RB-29A, nombre con el que vivieron su segunda carrera. Seis B-29A/F-13A recibieron además los motores Wright R-3350-CA-2 de inyección de combustible y se designaron YB-29J, convertidos después en RB-29J. Contando ambas designaciones, la variante de reconocimiento estuvo en servicio de 1944 a 1956.

Servicio operativo: el Pacífico

El bautismo del F-13 fue también su misión más célebre. El 1 de noviembre de 1944, despegando de Saipán, un F-13 sobrevoló Tokio a 32.000 pies (9.754 metros) con tiempo despejado y sin oposición: era el primer avión estadounidense sobre la capital japonesa desde la incursión de Doolittle de abril de 1942, y la misión completa duró casi catorce horas. La operación fijó el patrón de las que siguieron: un vuelo de ida y vuelta de unas 3.000 millas (4.828 kilómetros) desde Saipán, con cerca de una hora sobre la ciudad objetivo. A esa altitud los aparatos de reconocimiento eran prácticamente inmunes a los cazas y a la artillería antiaérea japoneses, y sus fotografías alimentaron la campaña de bombardeo estratégico hasta el final de la guerra.

Posguerra: el Ártico, Siberia y los «hurones»

La tensión con la Unión Soviética en 1945 y 1946 llevó al recién creado Mando Aéreo Estratégico a planear rutas árticas para un eventual ataque, y para ello había que cartografiar una región casi desconocida. El 46.º Escuadrón de Reconocimiento se desplegó en Alaska en marzo de 1946 con una mezcla de B-29 y F-13 para levantar el mapa de la cuenca ártica. En 1947 la unidad, ya redesignada 72.º Escuadrón de Reconocimiento, empezó a volar misiones periféricas frente a la península siberiana de Chukotka, el territorio soviético más próximo a Alaska, con la prioridad de localizar posibles bases de bombarderos: volando lo más alto posible con buena visibilidad, los F-13 fotografiaban las instalaciones costeras. A finales de los años cuarenta el SAC destacó también a Okinawa el 31.º Escuadrón de Reconocimiento Estratégico, equipado con RB-29.

Boeing B-29 Superfortress F-13
Boeing B-29A 42-93967 (ex F-13A) preservado en Cordele, Georgia, 2002RuthAS (CC BY SA), vía commons

De estos mismos aviones nació la inteligencia electrónica aerotransportada. A finales de 1946 el 46.º Escuadrón improvisó equipo ELINT rudimentario en un avión fotográfico, que voló frente a la costa siberiana; el verano siguiente entró en servicio el primer «hurón» dedicado, con trece tripulantes entre ellos seis oficiales de guerra electrónica, y en sus misiones desde Alaska detectó una cadena de radares soviéticos de alerta temprana hasta entonces desconocida. Ese mismo 1947 el avión se desplegó en Alemania Occidental, voló a lo largo de la frontera con la RDA y una misión por los corredores de Berlín, y a su regreso tripulación y aparato formaron el núcleo del 324.º Escuadrón de Contramedidas Radio, la primera organización permanente de reconocimiento electrónico. En 1948 se desplegaron más RB-29 modificados para ELINT desde Okinawa, Alaska y Alemania. En 1950 el Servicio de Seguridad de la Fuerza Aérea empezó a ensayar la captación de comunicaciones (COMINT) a bordo de un RB-29, y el año siguiente probó un aparato dedicado con cinco puestos de operador; tras pruebas intensivas desde Japón en junio de 1952, ese prototipo voló misiones operativas sobre el mar del Japón y las costas soviéticas y norcoreanas, pasó seis meses en Europa operando desde bases británicas, alemanas y libias, y regresó al Lejano Oriente, donde siguió volando hasta 1956. Ningún otro RB-29 se equipó para COMINT: el papel pasó a los RB-50 modificados.

Boeing B-29 Superfortress F-13
Ex F-13A 42-93967 preservado en Cordele, Georgia (vista general)Alan Wilson (CC BY SA), vía commons

Una rama aparte fue la meteorológica. El Servicio Meteorológico Aéreo, creado en 1946, arrancó con 46 RB-29 dotados de equipo especializado, redesignados WB-29 a comienzos de los cincuenta. Uno de ellos, volando la ruta casi diaria entre Eielson, en Alaska, y Yokota, en Japón, obtuvo el 3 de septiembre de 1949 la prueba de que la Unión Soviética había detonado su primera bomba atómica el 29 de agosto.

Corea y el final

Desde enero de 1949 los RB-29 se asignaron a la 91.ª Ala de Reconocimiento Estratégico, que en diciembre de 1950 se trasladó a la base de Yokota, en Japón, para apoyar la guerra de Corea. Los aviones fotográficos del 31.º y del 91.º volaron durante todo el conflicto desde Japón, identificando objetivos y evaluando daños para la campaña de bombardeo de los B-29 del SAC; algunos, con capacidad ELINT añadida, captaron los radares soviéticos y chinos del lado manchú de la frontera sin salir del espacio aéreo coreano. Pero el MiG-15 cambió las reglas: varios aparatos fueron atacados, tres RB-29 fueron derribados y otros resultaron dañados, lo que precipitó la llegada del RB-45C Tornado a reacción para esa misión. Fuera del teatro de combate, entre 1950 y 1954 los soviéticos derribaron otros tres RB-29, fotográficos y electrónicos, sobre aguas internacionales.

Legado

El F-13 demostró que el reconocimiento estratégico a gran altitud y muy largo alcance era posible con un avión de serie, y sus descendientes RB-29 tendieron el puente entre las cámaras de la Segunda Guerra Mundial y la inteligencia electrónica de la Guerra Fría: de sus tripulaciones salieron las primeras unidades de guerra electrónica de la Fuerza Aérea y, de sus pérdidas frente al MiG-15, la lección de que la siguiente generación de aviones espía tendría que volar más alto y más rápido.

Multimedia

Boeing B-29 Superfortress F-13
Boeing B-29A 42-93967 (ex F-13A) preservado en Cordele, Georgia, 2002RuthAS (CC BY SA), vía commons
Boeing B-29 Superfortress F-13
Ex F-13A 42-93967 preservado en Cordele, Georgia (vista general)Alan Wilson (CC BY SA), vía commons
Boeing B-29 Superfortress F-13
Ex F-13A 42-93967 preservado en Cordele, Georgia (morro y lado izquierdo)Alan Wilson (CC BY SA), vía commons
Boeing B-29 Superfortress F-13
Ex F-13A (RB-29A) 42-93967 preservado en Georgia Veterans State ParkAlan Wilson (CC BY SA), vía commons
Boeing B-29 Superfortress F-13
F-13 Superfortress del 46.º Escuadrón de Reconocimiento, mayo de 1947
Boeing B-29 Superfortress F-13
Boeing F-13 Superfortress, versión de reconocimiento fotográfico del B-29