La segunda vida del 146 empezó en 2002, cuando la rotura en vuelo de dos aviones antiincendios veteranos —un Hercules C-130A y un Catalina— llevó al Servicio Forestal estadounidense a buscar una plataforma nueva. Los ensayos de 2004 mostraron que el 146 servía: buen comportamiento a baja velocidad, cuatro motores que garantizan empuje suficiente con uno parado y capacidad para operar desde bases modestas. Las conversiones, con un depósito de 3.000 galones (unos 11.356 litros), las realizan Minden Air, Neptune Aviation, Aero-Flite —filial estadounidense de la canadiense Conair— y Air Spray. En 2017 ya había catorce 146-200 y RJ85 trabajando como cisternas antiincendios en Norteamérica.