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¿Por qué los portaaviones tienen cubiertas en ángulo?

Respuesta directa

Las cubiertas de vuelo en ángulo permiten a un portaaviones lanzar y recuperar aviones a la vez, y dan al piloto que falla los cables de frenado una vía libre para repetir la maniobra. El área de aterrizaje se desvía unos 9 grados a babor, así un cable fallido lleva al avión hacia el mar y no hacia los aviones aparcados o catapultando en proa. La Royal Navy ideó esto en 1951.

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El problema de la cubierta recta

Los primeros portaaviones tenían una única cubierta axial: los aviones aterrizaban en la popa y rodaban hacia la proa, donde se aparcaban los aparatos que ya habían aterrizado detrás de una barrera de cables de frenado. Si un piloto no engachaba ningún cable de parada, esa barrera era lo único que se interponía entre él y el parque de aviones en cubierta. Los reactores, más rápidos y pesados, agravaron el problema: las velocidades de aproximación aumentaron, la barrera los detenía bruscamente y un cable fallido podía terminar en una colisión mortal. Lanzar y recuperar aviones al mismo tiempo era imposible, porque las catapultas de proa se encontraban exactamente donde terminaba la carrera de aterrizaje.

Una idea británica probada en ambos lados del Atlántico

El capitán Dennis Cambell, de la Royal Navy, propuso en 1951 pintar la pista de aterrizaje en ángulo respecto a la línea central del buque. El HMS Triumph probó la disposición con marcas pintadas en 1952, y la Marina de Estados Unidos la ensayó en el USS Antietam en 1952-1953 antes de adoptarla para la nueva clase Forrestal y modernizar los buques de la clase Essex. El desplazamiento, de unos 9 a 10 grados a babor, es lo bastante pequeño para mantener la carrera de aterrizaje dentro del casco y lo bastante grande para que una maniobra de motor y al aire se dirija hacia aguas abiertas.

Lo que cambia en un portaaviones moderno

La sección angulada lleva el equipo de frenado y las ayudas ópticas de aterrizaje; la proa conserva las catapultas. Ahora el piloto aplica potencia máxima en el instante en que las ruedas tocan la cubierta, de modo que un cable fallido, lo que se llama un «bolter», se convierte simplemente en un ascenso. La recuperación puede continuar mientras la proa lanza aviones, lo que aumenta la cadencia de salidas y acorta la fase vulnerable de cada ciclo. La disposición también libera una gran zona de aparcamiento a estribor, por delante de la isla, que no interfiere con ninguna de las dos operaciones. Los portaaviones con rampa de despegue (ski-jump) que operan aviones STOVL no necesitan el ángulo, porque sus reactores aterrizan en vertical; todos los buques con catapultas, desde las clases Nimitz y Ford hasta el Charles de Gaulle, lo conservan.

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