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¿Por porque los aeropuertos son tan caros?

Respuesta directa

Los aeropuertos son caros porque los comercios pagan alquileres y cánones muy altos por operar dentro, a menudo un porcentaje de sus ventas, y trasladan ese coste al cliente. Se suma un público cautivo que no puede comprar fuera, la logística tras los controles de seguridad y que esos ingresos financian cerca del 40 % del presupuesto aeroportuario.

¿Por porque los aeropuertos son tan caros?
Vestíbulo de embarque y tienda libre de impuestos del aeropuerto internacional de Incheon, CoreaKanchi1979 (CC BY), vía commons

El negocio del aeropuerto no es solo volar

Un gran aeropuerto obtiene alrededor del 40 % de sus ingresos de actividades no aeronáuticas (comercios, restauración, aparcamientos, alquiler de coches y publicidad), según los informes económicos de ACI, la asociación mundial de aeropuertos. Las tasas que pagan las aerolíneas están reguladas y a menudo topadas por el Estado, así que la tienda y el bar son la vía más flexible para financiar terminales, pistas y deuda. Ese dinero llega mediante concesiones: el operador de la cafetería no paga un alquiler fijo, sino un mínimo garantizado más un porcentaje de la facturación que puede superar el 20 % en las mejores ubicaciones.

Un cliente que no puede irse

Una vez pasado el control de seguridad, el pasajero es un público cautivo: no puede comparar con la calle ni volver a salir, dispone de tiempo muerto y tiene una necesidad real de comer o beber. El comercio lo sabe y fija precios superiores a los del centro de la ciudad. Algunos reguladores y operadores han reaccionado imponiendo políticas de precio de calle más un pequeño recargo, o exigiendo a las concesionarias que igualen sus tarifas urbanas, con resultados desiguales según el aeropuerto.

Costes que el cliente no ve

Operar dentro de una terminal también es más caro de verdad. Cada empleado necesita acreditación y pasa controles; la mercancía entra por accesos vigilados, con inspección y horarios restringidos; los locales abren desde el primer vuelo hasta el último, siete días a la semana; los almacenes están lejos y los residuos salen por el mismo camino. Los alquileres en zona de embarque, medidos por metro cuadrado, están entre los más altos del comercio minorista. Todo eso se reparte entre menos ventas por hora que un local de calle, y el resultado es el café a precio de gran capital. La excepción parcial son las tiendas libres de impuestos, donde el ahorro fiscal compensa en parte el margen del operador.

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