Proyecto Mercury · NASA · No tripulado
Little Joe 1
- 21 de agosto de 1959
- Fecha de lanzamiento
- 0 min
- Duración
- Fracaso
- Resultado








Little Joe 1 (LJ-1) fue el primer intento de vuelo del programa Little Joe, la serie de ensayos no tripulados con la que la NASA quiso comprobar, antes de arriesgar a nadie, que el sistema de escape del Proyecto Mercury era capaz de arrancar la cápsula de un cohete averiado en el peor momento posible del ascenso. Estaba previsto para el 21 de agosto de 1959 desde Wallops Island (Virginia), y nunca llegó a despegar como se había planeado: media hora antes de la hora prevista, con la zona todavía en proceso de evacuación, el motor de escape se encendió solo. El objetivo del ensayo era exigente y muy concreto: medir el comportamiento de la torre de escape en las condiciones de carga dinámica más severas que se esperaban durante un lanzamiento con Atlas, es decir, en el instante de máxima presión aerodinámica. Para eso no hacía falta un cohete caro: Little Joe era un vehículo sencillo, sin guiado, formado por un racimo de motores de combustible sólido Pollux y Recruit, concebido precisamente para repetir una y otra vez el tramo de vuelo que interesaba a un coste que ningún Atlas ni ningún Redstone podían igualar. Encima llevaba una cápsula Mercury de estructura equivalente, un boilerplate construido por McDonnell. Lo que ocurrió el 21 de agosto fue un fogonazo inesperado durante la cuenta atrás. Cuando se disipó el humo quedó claro que solo la combinación de cápsula y torre había salido despedida, con una trayectoria parecida a la de un aborto desde la propia rampa; el propulsor y el anillo de sujeción del adaptador se quedaron intactos sobre el lanzador. El conjunto subió hasta unos 610 metros, y cerca del apogeo el anillo que unía la torre a la cápsula se liberó y disparó el pequeño cohete pirotécnico de eyección de la torre. El vuelo entero duró veinte segundos y terminó sin recuperación: los paracaídas no llegaron a desplegarse. El informe del accidente, fechado el 18 de septiembre de 1959, atribuyó el encendido prematuro a una fuga eléctrica —lo que los ingenieros de misiles llamaban transitorios o «voltajes fantasma» en un circuito de relés—, con el sistema de aborto rápido cableado directamente a la barra de armado del sistema de destrucción y con unas baterías que se estaban cargando en la rampa en ese preciso momento. La misma falta de energía que había disparado el motor de escape impidió después que funcionaran el motor de eyección de la torre y la carga de recuperación del paracaídas. LJ-1 no cumplió ninguno de sus objetivos de vuelo, pero sí uno que no estaba escrito: enseñó que el peligro no vivía solo en el cohete grande, sino en la integración eléctrica del conjunto y en los procedimientos de tierra. Los ensayos que vinieron después —LJ-6 en octubre de 1959, la repetición LJ-1A en noviembre, LJ-1B con la mona rhesus «Miss Sam» en enero de 1960— se construyeron sobre lo aprendido en aquellos veinte segundos, y el propio fallo volvería a aparecer, con variantes, en LJ-5 y LJ-5A.
Carga transportada
La carga útil de LJ-1 era una cápsula boilerplate Mercury fabricada por McDonnell Aircraft: una maqueta estructural con la forma, la masa y los puntos de sujeción de la nave real, instrumentada para medir y no para volar tripulada. Su masa de lanzamiento era de 2555 libras. Sobre el morro montaba la torre de escape, una estructura reticular con un motor de combustible sólido Grand Central 1KS52000; el conjunto del sistema de escape pesaba 460 kg (1010 lb) e incluía un pequeño cohete pirotécnico independiente para eyectar la torre y un anillo de sujeción que la separaba de la cápsula. La cápsula llevaba además su sistema de recuperación por paracaídas, activado por carga pirotécnica. En el propulsor de ensayo se estaban cargando, en el momento del accidente, las baterías del programador y del sistema de destrucción; las del circuito de aborto habían llegado desde el Reino Unido descargadas y en cortocircuito, como exigía su transporte. El sistema de aborto rápido incorporaba una bobina concebida para proteger a especímenes biológicos de un aborto demasiado brusco, una previsión pensada para vuelos posteriores: el material consultado no registra ningún animal, experimento ni lastre a bordo de LJ-1, ni número de serie de la cápsula. Lo que voló el 21 de agosto de 1959 fue solo el conjunto cápsula-torre, durante 20 segundos y hasta unos 610 m, sin que llegara a desplegarse el paracaídas.
Historia
Por qué hacía falta un programa Little Joe
Cuando el Space Task Group empezó a dar forma al Proyecto Mercury, se encontró con una pregunta que ninguna simulación de la época podía responder del todo: si el cohete portador fallaba durante el ascenso, ¿podría la torre de escape separar la cápsula y alejarla lo suficiente, y sobreviviría la estructura a ese tirón? El punto crítico no era el despegue ni la fase alta del vuelo, sino la zona de máxima presión aerodinámica, donde la combinación de velocidad y densidad del aire somete al conjunto a las cargas más duras de toda la trayectoria. Un aborto ahí es el peor caso posible: la cápsula tiene que arrancarse de un vehículo que va rápido y dentro de una atmósfera todavía densa.
Comprobarlo con un Atlas era impensable por precio y por disponibilidad, y con un Redstone tampoco se alcanzaban las condiciones que interesaban. La respuesta fue un vehículo hecho a propósito para ese único tramo: barato, sencillo y prescindible. De ahí nació Little Joe.
Un cohete deliberadamente tosco
Little Joe no llevaba guiado. Era un racimo de motores de combustible sólido —unidades Pollux y Recruit— montados en una estructura con aletas, capaz de poner una cápsula Mercury en el régimen de vuelo deseado y de hacerlo desde una instalación modesta, la de Wallops Island, en la costa de Virginia. Esa modestia era la virtud del diseño: se podían construir varios, lanzarlos con relativa frecuencia y perderlos sin que el programa se resintiera. La carga útil de LJ-1 era una cápsula boilerplate de McDonnell, es decir, una maqueta estructural con la forma, el peso y los puntos de sujeción de la nave real, instrumentada para medir, no para volar tripulada.

El sistema que se iba a ensayar era la torre de escape: una estructura reticular sobre el morro de la cápsula que sostenía un motor de combustible sólido Grand Central. Su trabajo consistía en encenderse en fracciones de segundo, tirar de la cápsula hacia arriba y hacia un lado, y dejarla en condiciones de abrir sus paracaídas. Una vez pasado el peligro, un pequeño cohete pirotécnico independiente debía eyectar la torre para que no estorbase el descenso.
Antes de LJ-1 ya se habían hecho ensayos desde la playa —las beach abort tests—, con la cápsula disparada desde el suelo por su propia torre. El 28 de julio de 1959 se lanzó la segunda de esas pruebas con un boilerplate instrumentado para medir nivel de presión sonora y vibración, precisamente para conocer el entorno acústico y vibratorio que sufría la cápsula durante el encendido del motor de escape Grand Central. Little Joe era el paso siguiente: llevar ese mismo ensayo a velocidad y altura reales.
Wallops Island, 21 de agosto de 1959
La jornada transcurría según lo previsto. A treinta y cinco minutos de la hora de lanzamiento la evacuación de la zona avanzaba conforme al plan y se estaban cargando las baterías del programador y del sistema de destrucción del vehículo de ensayo. Cuatro minutos después, es decir, media hora antes de la hora prevista, se produjo un fogonazo explosivo.

Cuando el humo se disipó, la escena contaba por sí sola lo que había pasado: solo la combinación de cápsula y torre había salido despedida, siguiendo una trayectoria muy parecida a la de un aborto desde la propia rampa. El propulsor y el anillo de sujeción del adaptador seguían intactos sobre el lanzador, sin haber encendido un solo motor. El conjunto subió hasta unos 610 metros. Cerca del apogeo, el anillo que sujetaba la torre a la cápsula se liberó y se encendió el pequeño cohete pirotécnico de eyección de la torre. El vuelo completo duró veinte segundos.
No hubo recuperación. Ni el motor de eyección de la torre ni la carga de recuperación del paracaídas llegaron a completar su función con la energía disponible, de modo que la cápsula y la torre terminaron su breve trayectoria sin frenado. El ensayo previsto —el aborto en máxima presión dinámica— no llegó a ejecutarse en absoluto: el vehículo que debía llevar la cápsula hasta esas condiciones se quedó en tierra.
El informe del 18 de septiembre de 1959
El informe del accidente se emitió menos de un mes después. Su conclusión fue que el motor de escape Grand Central se había encendido de forma prematura por una fuga eléctrica: lo que los ingenieros de misiles llamaban transitorios o «voltajes fantasma» en un circuito de relés. El origen se localizó en una bobina pensada, paradójicamente, para proteger a los especímenes biológicos de un aborto demasiado brusco.
El análisis detalló la cadena completa. El sistema de aborto rápido estaba cableado directamente a la barra de armado del sistema de destrucción. Las baterías habían llegado desde el Reino Unido descargadas y en cortocircuito, como exigía su transporte, y se estaban cargando en la propia rampa; al alcanzar cierto nivel de carga, activaron el secuenciador del sistema de aborto. El secuenciador hizo lo que estaba diseñado para hacer: detectó que la altitud era insuficiente y disparó los iniciadores del motor de aborto. Después, esa misma energía insuficiente impidió que se activaran el motor de eyección de la torre y la carga de recuperación del paracaídas.

Visto así, el fallo no fue de un componente aislado, sino de la manera en que se habían enlazado tres sistemas que debían mantenerse separados: la carga de baterías en tierra, el armado del sistema de destrucción y la lógica automática de aborto. Ninguno de los tres estaba roto; el problema era que compartían camino eléctrico.
Lo que cambió en los vuelos siguientes
La respuesta del programa no fue detenerse, sino reordenar la secuencia de ensayos. El 4 de octubre de 1959 se lanzó con éxito desde Wallops Island el LJ-6, con una cápsula boilerplate y objetivos deliberadamente básicos: comprobar la integridad del fuselaje y del sistema de motores del vehículo de lanzamiento, verificar el funcionamiento del lanzador, validar las correcciones de viento calculadas, obtener datos de prestaciones y resistencia aerodinámica, y comprobar el sistema de destrucción. Es decir, antes de volver a confiar en la electrónica de aborto, se volvió a confiar primero en el cohete.
El 4 de noviembre de 1959 llegó el LJ-1A, descrito explícitamente en la cronología del programa como la repetición del vuelo que se había planeado para el 21 de agosto. En él, un sistema sensor de presión debía dar la señal cuando se alcanzara la presión dinámica de aborto prevista. El ensayo se ejecutó, pero el crecimiento de la carga dinámica en la maniobra resultó demasiado bajo, así que el objetivo volvió a quedar sin cubrir del todo.
El 21 de enero de 1960 se lanzó el LJ-1B con una mona rhesus a bordo, «Miss Sam», con los mismos objetivos de ensayo que LJ-1 y LJ-1A y con un estudio fisiológico del primate centrado en los efectos del comienzo rápido de la maniobra. En esa misión todas las secuencias funcionaron según lo previsto y todos los objetivos del ensayo se cumplieron; media hora después del lanzamiento, un helicóptero de recuperación de los Marines depositaba la cápsula y su ocupante en la estación de Wallops, con la mona en buen estado. Lo que LJ-1 no había podido demostrar quedaba por fin demostrado.

La historia, sin embargo, no terminó ahí. El 8 de noviembre de 1960, el LJ-5 —el primero de la serie que voló con una cápsula Mercury de producción de McDonnell— se lanzó con normalidad hasta que el motor del cohete de escape se encendió prematuramente durante el ascenso; la cápsula no se separó del vehículo de lanzamiento hasta el impacto y quedó destruida. El 18 de marzo de 1961, el LJ-5A repitió una escena inquietantemente parecida: despegue normal y encendido prematuro de la torre de escape pocos segundos después. Hizo falta el LJ-5B, lanzado el 28 de abril de 1961, para cerrar el capítulo del ensayo de escape en máxima presión dinámica, y aun así con un retraso en el encendido de uno de los motores del vehículo que llevó la maniobra a presiones dinámicas superiores a las especificadas en el plan de vuelo.
El valor de un fracaso barato
LJ-1 suele aparecer en los resúmenes de Mercury como una nota a pie de página: un cohete que no llegó a encenderse y una cápsula sin tripular perdida en veinte segundos. Leído con más calma, es justo lo contrario de una anécdota. Fue el primer aviso serio de que el sistema pensado para salvar la vida del astronauta podía activarse solo, en tierra, con personal todavía trabajando en la zona, y de que la causa no estaría en un motor ni en una estructura, sino en un cable compartido y en una batería cargándose.
Ese es exactamente el tipo de conocimiento que un programa tripulado necesita comprar antes de poner a alguien dentro, y el que solo se consigue volando de verdad. El diseño deliberadamente barato de Little Joe permitió pagarlo sin consecuencias: se perdió una maqueta estructural y una torre de escape, no una nave de producción ni, por supuesto, una vida. La lección se cobró en dólares y en calendario, que era precisamente el negocio que Little Joe venía a hacer.
Conviene recordar también lo que LJ-1 no fue. No fue un fallo del concepto de la torre de escape —la torre, de hecho, funcionó: arrancó la cápsula y la lanzó, solo que en el momento equivocado— ni un fallo del cohete Little Joe, que ni siquiera llegó a participar. Fue un fallo de integración eléctrica y de procedimiento en tierra, la clase de problema que no aparece en los ensayos de componentes y que solo se manifiesta cuando todos los sistemas están montados, conectados y armados a la vez.
Imágenes








En otros sitios
- Wikimedia CommonsLittle Joe 1 on the launcher at Wallops Island (retouched) ↗
- Wikimedia CommonsLittle Joe 1 on the launcher at Wallops Island ↗
- NASA Image and Video LibraryTechnicians attaching the escape tower to the Little Joe 1 capsule ↗
- NASA Image and Video LibraryEscape tower attachment for the Little Joe 1 assembly ↗
- NASA Image and Video LibraryTechnicians assembling the escape tower on the Little Joe 1 capsule ↗
- NASA Image and Video LibraryLittle Joe booster on the launcher at 80-degree angle ahead of the Little Joe 1 launch ↗