Variante del Dornier 328
Dornier 328 328-100
Versión inicial del turbohélice, y la única designación de modelo con la que el certificado de tipo europeo ampara a toda la familia de hélice.
- 6 de diciembre de 1991
- Primer vuelo
- 33
- Pasajeros
Historia
La designación que sostiene toda la familia
El 328-100 es el avión que salió de Oberpfaffenhofen en octubre de 1991 y voló por primera vez el 6 de diciembre de ese año. En la práctica comercial, Dornier fue afinando el producto con sufijos —110, 120, 130— que la prensa y los operadores tratan como versiones distintas; para la autoridad de certificación, en cambio, todos ellos siguen siendo un único modelo, el Dornier 328-100, con sus modificaciones aprobadas identificadas como «Mod 10», «Mod 20» y «Mod 30». Esa asimetría explica por qué las cifras que circulan del 328 turbohélice varían según la fuente consultada: no describen aviones diferentes, sino estados de definición distintos de la misma célula.
La hoja de datos europea fija las dimensiones que comparten todas las variantes de hélice y también las dos masas máximas al despegue que se aprobaron sucesivamente: 13 640 kg para la definición inicial y 13 990 kg una vez incorporadas las modificaciones. La capacidad certificada de asientos es de 33 pasajeros, muy por encima de las 30 plazas que el estudio de mercado de 1984 había marcado como objetivo.
Del programa de ensayos al servicio especializado
El programa de vuelo no fue plácido. En diciembre de 1992 uno de los prototipos perdió en vuelo las seis palas de una hélice, que perforaron el fuselaje; el aparato llegó a girar sobre su eje y perdió altura antes de que la tripulación recuperase el control. El incidente no impidió que el tipo entrase en servicio comercial en octubre de 1993, pero sí dejó constancia de hasta qué punto la hélice compuesta de seis palas era la pieza más novedosa —y más comprometida— del diseño.
Años después, cinco 328-100 encontraron una segunda vida lejos de la aviación regional: entre 2006 y 2007 se desplegaron alrededor de la costa australiana como aviones de búsqueda y rescate de largo alcance, equipados con radar, sensores infrarrojos y un sistema de lanzamiento de material de salvamento a través de una salida de emergencia bajo el ala. Fue la primera demostración de que la célula admitía misiones muy alejadas del transporte de pasajeros, un camino que después recorrerían las conversiones militares.