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El 747 y la democratización del vuelo

Cómo una apuesta industrial casi temeraria de Boeing y Pan Am convirtió el vuelo intercontinental, hasta entonces un lujo, en un fenómeno de masas.

Boeing 747-400 de Lufthansa despegando de BostonFoto: 4300streetcar (CC BY 4.0)

A mediados de los años sesenta la aviación comercial vivía atrapada en su propio éxito: los reactores habían acortado el mundo, pero los aeropuertos y las cabinas se quedaban pequeños. Pan Am pidió a Boeing un avión que doblara la capacidad de cualquier cosa en servicio, y Boeing aceptó el encargo apostando la empresa entera: una fábrica nueva en Everett —el edificio más grande del mundo— para un avión que aún no existía.

El programa, dirigido por Joe Sutter, se completó en apenas veintiocho meses. El primer vuelo llegó el 9 de febrero de 1969 y la entrada en servicio en enero de 1970, con Pan Am cruzando el Atlántico entre Nueva York y Londres.

El efecto sobre el precio de los billetes fue inmediato: con más de cuatrocientas plazas por vuelo, el coste por asiento cayó y con él las tarifas. El «Jumbo» hizo económicamente posible el turismo intercontinental moderno, y durante medio siglo fue la referencia del largo radio con sus sucesivas versiones, hasta cerrar la producción con 1.574 unidades construidas.

Su legado va más allá de la cifra: normalizó el fuselaje ancho, obligó a repensar aeropuertos enteros y demostró que el tamaño podía ser una estrategia. La historia completa del modelo, sus variantes y sus datos técnicos están en la ficha del Boeing 747.